“NO SE PODÍA VIVIR ASÍ, NO QUERÍA SALIR, ESTABA CANSADA TODO EL DÍA. AHORA ESTOY FELIZ”

Silvia Valdés tiene 54 años y vive en la provincia de Petorca. Hace 2 años le diagnosticaron fibromialgia y su vida cambió radicalmente. Tuvo que dejar la jardinería porque el dolor era demasiado y los medicamentos no le hacían efecto, hasta que descubrió el cannabis medicinal. “Mi vida mejoró en un 100%”, dice.

Hace 3 años que Silvia tiene fibromialgia, pero solamente fue diagnosticada hace 2, luego de que su neurólogo le realizara una resonancia que no mostró ninguna lesión significativa. “Mis síntomas eran dolores muy fuertes en la medula espinal, estaba postrada en la cama, sentía como si me diesen vuelta una tetera hirviendo en la espalda”, cuenta.

Le prescribieron pregabalina y tramadol, el que sólo usó una vez. “Me daba mucho miedo el tramadol. Cuando yo conversaba y estaba con otras personas, hablaba mal, parecía ebria. Alcancé a darme cuenta y me asustó. Además, tampoco me hacía mucho, seguía con dolor”.

Los efectos secundarios de los medicamentos eran muy fuertes, “al final, estaba igual que sin tomarlos. No me bajaba el dolor, solo dormía todo el día.

Una amiga le recomendó que intentara con algo más natural, que probara con aceite de cannabis de forma tópica. “Se las acepté y recibí las gotas. Me estaba funcionando súper bien pero un día estaba con una crisis de dolor muy grande. Tomé dos cucharadas y se la puse en el té. Fui a dar al hospital. Nunca me había pasado algo así, pensé que me iba a morir, fue como le dicen, una pálida”, cuenta Silvia.

“Después de ese episodio me asusté mucho y no quise saber nada de cannabis. Estuve tan asustada que estaba sin pregabalina, ningún medicamento. Mi marido me recomendó que intentara de nuevo con cannabis porque era lo que me había funcionado mejor”.

Silvia vio a Fundación Daya en el noticiero, y perdió el miedo. No se trataba del cannabis, sino de hacer el tratamiento acompañada por médicos y terapeutas. Agendó hora y viajó a Santiago.

El tratamiento ha sido muy exitoso. Silvia toma 4 gotas en la mañana, 2 al medio día y 4 en la noche. “El aceite de cannabis para la fibromialgia es excelente, lo que más me ha resultado. No hay comparación al lado de los otros remedios.

“Nunca más tomé ni compré la pregabalina. Conversé con mi neurólogo y traumatólogo y como vieron que me sentía bien, me dijeron que continuara con el tratamiento de cannabis”.

Ha mejorado la calidad de vida de toda la familia. El 100% de los dolores se han ido. Volví a hacer mis cosas, antes estaba inmóvil”.

Silvia volvió a dedicarse a lo que más le gusta, la jardinería. “Ahora me puedo subir a los árboles, corto y podo, cosas que no pude hacer por mucho tiempo por los dolores.

Los que realmente saben lo que padezco, no lo pueden creer. Me han dicho que estoy súper bien, se nota en mi ánimo, cuando camino, converso. Antes era mal genio, no quería salir, estaba cansada todo el día. Mucho dolor con el frío, sensibilidad, los olores me molestaban. No se podía vivir así, yo lloraba sola. Lloraba cuando me metía a la ducha porque lo único que me ayudaba era el agua caliente. Ahora estoy feliz”, termina.