“Mi hijo volvió a reír y mejoró su calidad de vida gracias al cannabis”

Andrea Acevedo tiene 36 años. En marzo de 2014, nació su hijo León, quien a temprana edad fue diagnosticado con Síndrome de West, una alteración cerebral epiléptica, lo que implica que el cerebro está continuamente haciendo crisis.

 

Problemas iniciales

Las anomalías aparecieron una semana antes de la fecha probable de parto. “Estaba muy ansiosa por el nacimiento de León y una semana antes de su nacimiento lo dejé de sentir y no se movía”, confiesa Andrea.

Ante este hecho, Andrea concurrió al hospital. A pesar de sus dudas y temores, la matrona le dijo que no se preocupara y que regresara a la casa. A pesar de lo que dijo la matrona, la intuición de Andrea era cierta: “Mi hijo se estaba muriendo”.

No sin complicaciones, Andrea dio a luz. León nació con hipoxia (falta de oxígeno), y tuvo una reanimación en el parto de 7 minutos, mientras que su puntuación de Apgar marcó 1 punto, siendo que 7 a 10 es la puntuación ideal.

La primera noche de vida de León fue agitada: tuvo un paro cardiorespiratorio que lo dejó con daño neurológico severo. Con este antecedente, le comentaron a Andrea que su hijo no viviría más de 72 horas.

 

Diagnóstico: Síndrome de West

Fuera de todo pronóstico, León pasó sus primeros dos meses de vida en la UCI. “Cuando ya lo vi bien, me lo llevé a la casa, se veía como un bebé normal”, comenta Andrea. Pero a fines de mes, en mayo, León comenzó a dormir mal. “Lloraba mucho, no dormía, no sabíamos lo que le pasaba”, asegura Andrea.

Según cuenta, “llevamos al hospital a León unas cuatro veces, y siempre me decían que tenía cólicos y que no lo llevara más”. Sin embargo, Andrea insistió hasta que un médico le ordenó un electroencefalograma. ¿El resultado?  Hipsarritmia y Síndrome de West. “Quedó hospitalizado”, recuerda la madre.

Sin dar mayores explicaciones, León fue diagnoticado con el extraño síndrome. “Como no me decían nada los doctores, comencé a investigar”, relata Andrea, quien agregó que “leí que León tendría una muerte lenta y dolorosa”.

“Busqué y busqué por internet y supe del caso de una epilepsia tratada con aceite de cannabis”, comenta. “Me interesó saber más, y le comenté a la neuróloga, quien no avaló la idea”.

 

Tratamiento con cannabis

Al poco andar León tuvo una nueva crisis epiléptica. “Quedó hospitalizado, perdió la vista, y la crisis no paraba a pesar de las 15 inyecciones recibidas. No miraba, no respondía a estímulos, no hacía nada”, recuerda la madre del pequeño paciente. Entonces Andrea decidió probar con aceite de cannabis. “Por internet llegué a Fundación Daya. Escribí y a los dos días me atendió Ana María Gazmuri. Yo estaba desesperada y en la Fundación me ayudaron”.

Con los consejos de la Fundación Daya, Andrea se consiguió una botella con macerado de cannabis y se lo dio a su hijo, quien en aquella época sufría entre 150 a 200 crisis diarias.

 

El cambio

“El aceite se lo di el 22 de septiembre de 2014, me acuerdo perfecto el día porque marcó un antes y un después”, cuenta Andrea.

La madre de León comenta que “a las dos horas de darle el aceite, León estaba comiendo, tomando leche, volvió a dormir, andaba de buen humor; la vida le cambió en un mil por ciento, volvió a reír y mejoró su calidad de vida”.

El aceite de cannabis acabó con las constantes crisis de León. “Ahora está más conectado con su entorno, entiende su nombre. Siempre estoy agradecida de la fundación: fueron los primeros que me brindaron apoyo”, dice Andrea.

 

Activismo

Tan bien le fue a Andrea con el cannabis que el mismo 22 de septiembre de 2014 decidió difundir la noticia y creó una agrupación: la bautizó como Mamá West.

“Escribí mi historia en Facebook y animé a mamás con hijos con epilepsia que probaran con aceite de cannabis”, comenta. “A mí me enseñaron a hacer aceite de cannabis así es que empecé a enseñar”, agrega.

Hoy día Mamá West agrupa a más de 2 mil 200 pacientes de Chile, Argentina, Bolivia, Perú, Venezuela, Colombia, México y hasta Holanda. Andrea comenzó a hacer talleres de autocultivo y extracción de cannabis, y fue apoyada por la Presidenta de Mamá Cultiva, Paulina Bobadilla. Hoy en día, Mamá West atiende a personas con epilepsia, cáncer, depresión, fibromialgia y otras patologías.

A pesar de tener una muy buena impresión sobre el uso medicinal de cannabis hoy día, Andrea en un comienzo no pensaba igual. “La gente y la sociedad te dice que el cannabis es malo, y uno piensa lo mismo por osmosis”, asegura.

 

¿Qué le dirías a las personas que no creen en el uso medicinal de cannabis?

—Les diría que, al igual que yo, olviden el estigma que tiene el cannabis. El cannabis es esperanza de vida, funciona. Les diría que crean que apoyen este tipo de medicina. Es importante la inclusión, la tolerancia, que se pongan en nuestros zapatos. La sociedad chilena de por sí es apática, pero les diría que se informen, que crean, que no todo lo que sale en televisión es verdad.