En 2016 el consumo problemático de opioides mató a más estadounidenses que el cáncer de mama. El alto número de sobredosis ha transformado al abuso de esta droga en un tema de salud pública a nivel nacional. En un esfuerzo para encontrar solución, doctores y pacientes recomiendan el uso de cannabis medicinal.

En las últimas dos décadas, Angie Slinker (51 años) tomó un cóctel de narcóticos que incluían antidepresivos y ansiolíticos para manejar el dolor de una caída que tuvo en 1998. Después de más de 50 cirugías su dolor aún persistía.

“Es un círculo vicioso”, le comentó al corresponsal médico de CNN, Dr. Sanjay Gupta. Angie partió tomando medicamentos para el dolor, pero después de tantas cirugías comenzó a sentir mucha ansiedad, a lo que le prescribieron más píldoras. Cuando se sintió deprimida, sólo le recetaron más. Tantas drogas la dejaron en un estado de neblina, pasando la mayor parte del día en cama. Ella solo seguía sintiendo dolor y buscaba un alivio inmediato.

Al 2012 ya tomaba hasta 25 pastillas diarias, que le quitaban todo su ánimo y ganas de vivir. Llegó a pesar más de 150 kilos.

“No podía seguir así. Tantas drogas me estaban matando”, le dijo a su doctor. Dejó de tomar todo de un día para otro.

Los síntomas de la abstinencia fueron severos, cambios de ánimo, irritabilidad, dolor de cabeza intenso y náuseas. Su hijo de 22 años le recomendó cannabis medicinal. El alivio fue rápido. “Me di cuenta inmediatamente de que hay propiedades medicinales dentro del cannabis”, dijo.

No eliminó por completo su dolor, pero el cannabis le permitió vivir de nuevo, dice ella. Pudo jugar con su nieta y participar en la vida. “Nunca voy a estar libre de dolor, nunca. Pero el cannabis me ha dado una razón para vivir”, dijo Slinker.

Sin embargo, el cannabis era ilegal en su estado natal de Indiana. “Podría haber comprado cannabis en la calle. Pero esa no era yo, quería hacerlo de la manera correcta. Quería hacerlo legalmente”, dijo. Entonces, en julio de 2012, Slinker se mudó a Maine.

TRATAMIENTO CON CANNABIS

El cannabis medicinal ha sido legal en Maine desde 1999. El estado tiene una de las tasas más altas de sobredosis de opioides en el país. En 2016 la tasa de sobredosis por opioides en Maine fue casi el doble de la nacional. El número de muertes relacionadas con la heroína se ha multiplicado por más de cuatro desde 2012.

Para un estado que está inmerso en una crisis por el abuso de opioides, el doctor Dustin Sulak cree que el cannabis podría ser parte de la solución. “No hay ninguna píldora, aerosol o gota que pueda solucionar todo el problema. Sin embargo, el cannabis puede ayudar bastante”, afirmó.

Sulak es un doctor de medicina Osteopática. Ha tratado a cientos de pacientes con cannabis para ayudarlos a dejar su adicción a los analgésicos opiáceos. Dirige dos clínicas ambulatorias en Maine y comenzó a buscar la marihuana como una solución potencial cuando notó que varios de sus pacientes pudieron mantener sus dosis de opioides durante años, sin pedir más.

La producción de opioides naturales se activa cuando el cuerpo experimenta dolor. Pero los medicamentos pueden actuar como una señal para que el cuerpo deje de producir endorfinas; volviéndose más dependiente de las drogas. Cuando la persona toma más opioides, aumenta el riesgo de sobredosis.

Sulak sentía curiosidad por saber por qué algunos de sus pacientes no necesitaban aumentar sus dosis de opioides, por lo que les preguntó qué era diferente. “La respuesta fue que estaban usando opioides en combinación con cannabis. Y sentían que los opiáceos se fortalecían”.

La revisión de Sulak de la literatura médica resultó en la misma conclusión. Él señala que cuando los opiáceos se usan en combinación con el cannabis en animales, la marihuana puede aumentar la efectividad de un opioide sin requerir dosis más altas.

Slinker ahora es paciente de la práctica de salud integrativa de Sulak. En lugar de tomar 25 píldoras al día, ella complementa fumando un gramo de marihuana cada tres o cuatro semanas con tinturas de cannabis, aceites y vapor. Ella también usa un medicamento llamado naltrexona para ayudar con sus problemas relacionados con la autoinmunidad.

Ella acredita su vida ahora al cannabis y quiere que otros lo sepan. “Quiero que las personas sepan que tienen opciones. No temas decirle a tu médico que no quieres estos químicos en tu cuerpo”, dijo.

“NO CREO QUE ESTARÍA VIVO HOY SI NO LO TUVIERA”

Doug Campbell, otro paciente de Sulak, está de acuerdo en que el cannabis es una alternativa real. “No creo que estaría vivo hoy si no lo tuviera”, dijo.

Al igual que Slinker, Campbell comenzó a usar narcóticos para controlar el dolor. Tenía 18 años cuando se cayó de un techo y se fracturó tres vértebras en la espalda baja. Pero no fue hasta que comenzó a involucrarse en un estilo de vida fiestero que los opioides se convirtieron en algo más que solo terapia.

Después de 32 veces de intento de rehabilitación, finalmente encontró una forma de dejar de usar opioides. “No tengo antojos. No tengo deseos. No tengo ningún pensamiento al respecto”, le dijo a Gupta.

El Dr. Mark Wallace, especialista en manejo del dolor y director del Centro de Medicina del Dolor de San Diego, está obteniendo resultados similares en sus pacientes. Wallace comenzó a investigar el cannabis en 1999, cuando recibió una subvención del estado de California. Miró la literatura y se dio cuenta de que el cannabis tenía una larga historia de uso terapéutico para muchos trastornos, incluidos la lepra, la epilepsia y el dolor.

En una década, hubo suficientes estudios para convencerlo de que el cannabis era una alternativa real para usar en su práctica. Él estima que cientos de sus pacientes, como Marc Schechter, han dejado los opioides usando cannabis.

40,000 PASTILLAS EN 10 AÑOS

En los últimos 10 años, estima Schechter, tomó casi 40,000 píldoras opioides, todas recetadas por sus médicos. Percocet, fentanyl y OxyContin: todos funcionaron, pero necesitó más.

Schechter tenía una rara condición que estalló mientras jugaba al golf en 2007. En el hoyo 17, el dolor comenzó a irradiarse desde su espalda. Para cuando regresó a su habitación, no podía mover su pierna izquierda en absoluto.

Schechter fue diagnosticado con mielitis transversa idiopática, una inflamación de la columna vertebral. Finalmente pudo caminar nuevamente, pero el dolor persistió.

Sin las drogas, sentía que su pierna ardía con alfileres y agujas, como si se hubiera quedado dormida. “Es así 24/7. No hay un segundo de alivio”, dijo. Él necesitaba las drogas solo para vivir.

“¿Eras adicto a ellos?” Gupta preguntó.

“Físicamente, sí”, dijo Schechter.

Las drogas nunca interfirieron con su trabajo como abogado, pero Schechter siguió necesitando más y más de ellos. Él comenzó a cuestionar su efectividad. Schechter le dijo a su neurólogo: “Realmente estoy empezando a dudar de si esto tiene algún efecto porque tengo tanto dolor neuropático”.

Su neurólogo había oído hablar del trabajo de Wallace y remitió a Schechter a la clínica. La primera noche que Schechter usó cannabis, tomó una o dos caladas de un vaporizador. “En un minuto, tuve un alivio inmediato del dolor … [El nivel de dolor] era tan tolerable que estaba, como en el cielo”.

“NECESITAMOS DATOS OBJETIVOS”

Pacientes y médicos en todo el país han contado historias similares. Pero la Dra. Nora Volkow, directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas, dice que las anécdotas no son suficientes.

“No podemos guiarnos por una ilusión. Necesitamos datos objetivos”, le dijo a Gupta.

Un número creciente de médicos e investigadores como Wallace y Sulak están listos para proporcionar esos datos. Dicen que las regulaciones federales obstaculizan la obtención de la ayuda que necesitan las personas.

Según la Drug Enforcement Administration, el cannabis es un medicamento de la Lista I, lo que significa que no tiene uso médico y tiene un alto potencial de abuso.

“Tenemos suficiente evidencia ahora que debería ser reprogramada”, dijo Wallace.

Sulak se pregunta: “¿Cuándo la comunidad médica se pondrá al día con lo que están haciendo sus poblaciones pacientes?”

Traducido por Fundación Daya. Noticia original aquí.