“ME HA CAMBIADO LA VIDA EN UN 100%, YA NO TENGO UN DOLOR INVALIDANTE”

Isabel llevaba años viviendo con un dolor intenso producto de la neuralgia al trigémino con que fue diagnosticada. El dolor era tan invalidante que estuvo seis meses con licencia sin poder ir a trabajar. Gracias al tratamiento con cannabis, su vida le cambió radicalmente. “Ahora estoy super bien y se agradece un montón. Yo siempre digo que soy libre, feliz e independiente y el tratamiento me permite seguir con eso”.

Hace diez años que a Isabel le diagnosticaron neuralgia al trigémino del lado derecho, una patología que le provocaba mucho dolor. “Yo siempre he dicho que se siente como un shock eléctrico con un taladro en la sien, mientras te están echando aguan hirviendo”.

“Fue de un día para otro. Yo estaba lavándome los dientes y sentí como una corriente en la cabeza, pero era una corriente que nunca se iba. A lo mejor dura un segundo, pero se siente como una eternidad”, relata.

Isabel fue al neurólogo, quien le recetó inmediatamente medicamentos, tomando pregabalina, benzodiacepina, parches de morfina y tramadol. Aún así, el dolor seguía en un nivel 10 constante.

Después de un tratamiento con corticoides, Isabel estuvo cinco meses sin dolor. Sin embargo, el 2015 volvió con una crisis muy fuerte. Ahí es cuando un amigo cercano le comentó sobre Fundación Daya.

El acompañamiento médico ha sido muy importante para que Isabel encuentre las cepas y dosis adecuadas para su tratamiento. “Comencé con una resina, pero no me hacía nada. Estuve unas semanas así, hasta el próximo control, en el que me aumentaron la dosis y recién ahí me hizo efecto. Me ha cambiado la vida en un 100%, ya no tengo un dolor invalidante. Cuando me vino la primera crisis, estuve seis meses con licencia, eso no me afecta solo a mí personalmente, también a mi entorno”, cuenta.

Isabel ha involucrado a toda su familia, aprendiendo a cultivar y cuidando de las plantas. “Mi hijo me ayudó comprando el indoor y todo lo necesario para montar el cultivo, que ha sido hermoso. Mis nietos saben de las plantas y que la abuelita toma unas gotas que son muy delicadas porque está enferma y que les han hecho muy bien”.

El tratamiento ha sido excelente para bajar los dolores, pero también para mejorar su ánimo. “Tú misma te sentís culpable, cómo esto no se va. Ahora me toco la cara, antes no podía porque me dolía mucho. Ahora estoy super bien y se agradece un montón. Yo siempre digo que soy libre, feliz e independiente y el tratamiento me permite seguir con eso”.