“EL TRATAMIENTO CON CANNABIS FUE EL COMPLEMENTO NECESARIO PARA QUE SOPHIA SE MEJORARA”

Hoy Sophia tiene siete años y está en segundo básico. Tiene el pelo largo y sonríe cálidamente, mientras recorre con familiaridad los pasillos de la Fundación. Sophia es la paciente número 17 y junto a su mamá llevan cuatro años siendo parte de la Comunidad Daya. A simple vista no se nota, pero gracias al tratamiento con cannabis, Sophia superó un cáncer muy intenso. A continuación, su historia.

Gabriela Paz Díaz tiene 31 años y es de Copiapó. Su hija, Sophia Contreras Díaz, fue diagnosticada con un linfoma de Hodgkin de células grandes cuando tenía sólo 3 años.

“De un día para otro empezó con una fiebre que no bajaba con nada, no se podía controlar y sentía un dolor muy grande en el cuerpo. Pensamos que era una infección en el estómago porque sentía dolor localizado ahí”.

Sophia estuvo hospitalizada en Copiapó por 20 días y después de muchos exámenes sin resultados concretos, fue derivada al hospital Roberto del Río en Santiago. Solo con una biopsia se pudo confirmar el diagnóstico, y desde ese mismo día, Sophia comenzó con quimioterapia.

“Los médicos hicieron una reunión conmigo y partimos el tratamiento inmediatamente, porque el cáncer estaba muy avanzado. Las quimioterapias empezaron el mismo día que nos dieron el diagnóstico.

El primer fue el más invasivo, la quimioterapia le quemó la piel a Sophia, dejándole manchas en la espalda. Además, adelgazó muy rápido, ya que dejó de comer y vomitaba constantemente. Por dos semanas, sumado a la quimioterapia, le recetaron Clonazepam y Morfina. “Yo veía que los efectos que le producían no eran buenos, la dejaban peor. Yo misma tomé la decisión de dejar de administrarle esos remedios y al siguiente mes de empezar con tratamiento, le di aceite de cannabis.

“Yo nunca había escuchado sobre cannabis, tenía una noción que en adultos podría funcionar. En redes sociales vi algunos comentarios de la Fundación y le escribí directamente a Ana María, contándole lo que estaba pasando”.

 

“Estaba desesperada por que la Sophia pudiese comer y dejara de vomitar, porque hasta el agua vomitaba. Se estaba recién creando la Fundación. Ana María me recibió en su casa y me dio toda la información que necesitaba del cannabis, me entregó un gotario y ahí ya no paramos”.

Gabriela Paz y Sophia llevan cuatro años siendo parte de la Comunidad Daya. “Fundación Daya me ayudó informándome y acompañándome durante todo el proceso. Estoy muy agradecida que me dieran ese espacio y de crear una relación tan cercana, piensa que Ana María y Pablo Meléndez me ayudaron a cambiarme de casa.”

Al tercer día de tratamiento con cannabis Sophia ya no vomitaba más, dejó de alimentarse vía intravenosa y comenzó a tener apetito. Gabriela le administraba el aceite de manera escondida, por miedo a lo que podían pensar los médicos; hace 4 años aún muchos de ellos desconocían esta alternativa y existía mucho prejuicio. Sin embargo, el cambio de ánimo en Sophia hizo evidente la situación. En una primera etapa, estuvo 6 meses con quimioterapia, hospitalizada tiempo completo. “Después nos dieron descansos de una semana, y luego una semana completa con quimio. Estuvimos así por 4 meses más. Nosotros tuvimos que quedarnos en Santiago, porque la Sophia no podía viajar”, cuenta Gabriela Paz.

“Siguió con las quimios y no tenía vómitos ni tanto desgaste físico ni emocional. Cuando se enteraron de que estaba usando aceite de Cannabis, hubo un debate con los médicos y yo les dije que iba a seguir dándole cannabis, porque le hacía bien y tenía resultados muy positivos”.

“En un principio yo quería cualquier cosa que le calmara los dolores y que evitara su sufrimiento. El tratamiento con cannabis es muy completo y le ayudó demasiado. Es una solución para los niños que están con mucho dolor, pueden recibir sus quimios, evitando tener que usar, además, tantas pastillas y fármacos”.

“El tratamiento con cannabis fue el complemento para las quimioterapias, para que la Sophia comiera, tomara agua y se sintiera bien. Para mí, fue la solución a toda esta enfermedad”.

Sophia tiene 7 años y está en segundo básico. Después de cuatro años de tratamiento, está en remisión y ya no tiene ningún indicio de cáncer. Sólo debe controlarse cada cuatro meses. “Ella se siente súper bien, vive su vida con mucha normalidad, como si nunca hubiese tenido un cáncer tan invasivo”, relata Gabriela Paz.