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A raíz de los recientes allanamientos a clubes cannábicos y a pacientes de Fundación Daya, nos parece necesario volver precisar los usos terapéuticos del cannabis medicinal y las tres vías seguras a su acceso, todas permitidas por la actual legislación.

La primera es el CULTIVO PERSONAL, derecho contemplado en la ley 20.000; esta ha sido la vía de acceso de la inmensa mayoría de los más de 15.000 pacientes que han sido atendidos en alguna de las 15 ciudades en las que Fundación Daya se encuentra presente a lo largo del país. Más de 150 personas en Chile, entre las que se cuentan médicos, terapeutas, abogados, cultivadores y diversos profesionales de la salud, acompañan a nuestros pacientes en su proceso de cultivo, preparación de productos terapéuticos y posterior seguimiento. Estamos orgullosos de haber abierto este camino que ha brindado alivio a tantas familias chilenas.

La ley 20.000 permite el consumo personal y medicinal de cannabis, su objetivo es el de proteger la Salud Pública. La Corte Suprema de Chile ha declarado consistentemente desde 2014 que los delitos descritos en la ley están sujetos a sanciones sólo si el acusado pone en riesgo la salud pública al planear o permitir la difusión incontrolada de ciertas sustancias, entre ellas el cannabis.

La segunda vía de acceso al cannabis medicinal es la de los CULTIVOS COLECTIVOS, entendidos como una asociación de pacientes, con un número específico de personas que la conforman, en la que solo se cubren los costos de la operación, sin comercialización alguna. Esta vía también está amparada en la legislación vigente, y Fundación Daya ha desarrollado un modelo ajustado a la misma.

La tercera vía propiciamos es la de una oferta de bajo costo a PRODUCTOS ESTANDARIZADOS DE CANNABIS, lo que implica que sea accesible a todo quien lo necesite. Es asi que se ha logrado desarrollar Cannabiol, el primero de Chile y Latinoamérica en su especie, elaborado por Knop Laboratorios.

La iniciativa ha sido posible gracias a un trabajo conjunto de Fundación Daya con el ISP para habilitar un mecanismo contemplado en la actual normativa sanitaria, que permite a los usuarios solicitar en conjunto con su médico la autorización para el uso personal de un fármaco que aún no cuenta con registro sanitario. Lo anterior, será complementando con un programa de farmacovigilancia y una guía de uso clínico elaborado por Fundación Daya, dando inicio al Programa de Uso Compasivo de Cannabis Medicinal, pionero en nuestro país.

Estas tres vías han sido el foco que hemos impulsado desde Fundación Daya y Fundación Mamá Cultiva.

En paralelo a estos avances, también hemos participado en el diseño de la LEY CULTIVO SEGURO, iniciativa que busca modificar el Código Sanitario, que permitirá que la receta médica sea autorización suficiente para la plantación, cultivo y cosecha de plantas de Cannabis.

Si bien la Ley 20.000 permite el cultivo y consumo de cannabis para usos personales y medicinales, la misma ordena destruir en corto plazo las plantas que se incauten legalmente, aun sin una sentencia condenatoria. De igual forma, el desconocimiento del resto de los operadores del sistema, como jueces, policías y abogados, permite que los usuarios medicinales de Cannabis sean flanco fácil de acusaciones infundadas basadas en la ignorancia y en los prejuicios, siendo obligados a cargar con la injusta labor de probar su inocencia.

Casi de manera unánime, la Cámara de Diputados votó a favor del proyecto, sin embargo, deberá volver a la Comisión de Salud para discutir en particular las indicaciones que presentaron algunas diputadas y diputados.

Invitamos a la comunidad a seguir informándose correctamente y defendiendo el derecho al uso terapéutico del cannabis, que brinda alivio a miles de familias. Esperamos la aprobación de Ley Cultivo Seguro, que sin duda permitirá que el Ministerio Público investigue, evitando, eso sí, la incautación y destrucción de las plantas antes de concluida la investigación.

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