“Con el cannabis me olvidé de mis convulsiones”

Ninoska del Carmen Reyes López tiene sólo 18 años. Desde pequeña, sufrió crisis epilépticas sin ser diagnosticadas.

Cuando tenía dos años, me daban unos dolores fuertes de estómago y creyeron que podía ser producto de fecalomas  y un tema estomacal, por lo que me indicaron una dieta que debía seguir”, comenta Ninoska.

Si bien algo mejoró, los problemas continuaron, y no eran poco frecuentes los dolores estomacales. “Los médicos que me veían me recomendaban medicamentos para el dolor o dietas, pero nadie supo que yo tenía epilepsia refractaria, hasta muchos años después”, sostiene.

 

Diagnósticos

Fue cuando cursaba Segundo Medio cuando la epilepsia refractaria de Ninoska, aún no diagnosticada como tal, comenzó a mostrarse más agresiva. “Un par de veces tuve convulsiones y llegué a caerme al piso en varias oportunidades”, cuenta.

En ese momento, Ninoska y su familia deciden ir a otro médico, quien les da un pre diagnóstico errado: problema psiquiátrico, y las convulsiones son producto del estrés.

Sin embargo, la joven estudiante se sometió a un electrocardiograma y este arrojó algunas anomalías, las que contrastaron con una resonancia magnética y dio el veredicto: Esclerosis Tuberosa, que se manifiesta con epilepsia refractaria.

La enfermedad de Ninoska  afecta el sistema nervioso central y la piel, creándose tumores no cancerosos en diversos órganos.

A estas alturas, Ninoska ya sufría de unas tres convulsiones diarias en promedio, y el tratamiento consistía en varias pastillas en la mañana y otras más en la noche.

A pesar de estar llena de pastillas, la mejoría fue a medias, y al año siguiente, en Tercero Medio, ya me tuve que cambiar de colegio por las convulsiones y me cerraron el semestre”, recuerda.

 

Tratamiento alternativo y reacción familiar

Ninoska y su familia no estaban contentos con el tratamiento convencional. “Estaba todo el día cansada, el cuerpo adolorido, no reaccionaba y no tenía razón de mi misma”, sostiene. “No podía ni salir a la calle sola porque en cualquier momento me venía una convulsión”, agrega.

La situación ya los tenía desesperados. Los padres de Ninoska empezaron a investigar y en Internet llegaron al tema del cannabis medicinal.

Esto remeció a mis papás, mi papá se espantó: mi familia completa, desde mis papás, hasta mi hermana, mis abuelos, tíos, y todos en ese momento eran súper cerrados al tema de las drogas; quien usaba cannabis era un drogadicto, pensaban”, comenta Ninoska.

 

Fundación Daya

Pero debido a la desesperación, siguieron investigando sobre el tema. “Buscando en Google llegaron a la Fundación Daya, y nos dieron una hora de atención para dos semanas más”, cuenta. Aun así, la desesperación de ver a su hija con estos cuadros convulsivos, hicieron que tomaran medidas inmediatas. “Mi papá vio por Youtube cómo fabricar aceite de cannabis, y se consiguió la materia prima en el mercado negro, con todos los riesgos que eso acarrea y lo caro que resulta”, sostiene.

Como no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague, Ninoska a las dos semanas fue atendida por una psicóloga de la fundación. “Ella nos explicó súper bien todo el procedimiento del aceite, nos enseñó a cultivar nuestra propia medicina y cómo comprar las semillas que necesitaba, porque si bien consumo THC, es el CBD el que tiene que ir en mayor proporción, y eso se logra sólo con ciertas cepas”, agrega.

Plantamos cuatro plantas en mi casa, asesorados por el ahora Director de Operaciones de Fundación Daya, Pablo Meléndez”, comenta.

A pesar de todo, el padre de Ninoska seguía sin convencerse. “De verdad es que el tema drogas en mi familia era muy potente, mi papá estaba escéptico y cerrado con la posibilidad de que yo me tratara con cannabis”, cuenta.

 

Patente mejoría

A pesar de todo, fue al poco andar donde ya no hubo dudas ni resquemores. “El aceite lo empecé a tomar a fines de Tercero Medio y nunca más me vino una convulsión”, comenta. “Salvo una”, agrega. “Esa convulsión me vino a los cinco meses de empezar el tratamiento, y fue por irresponsabilidad mía; olvidé tomarme las gotas”.

Durante todo Cuarto Medio, Ninoska no tuvo convulsiones. “Fue fantástico, porque pude estudiar para la PSU, que sin tratamiento hubiese sido imposible, y el puntaje me alcanzó para lo que quería: Ingeniería Civil en Obras Civiles, en la Universidad de Santiago”, cuenta orgullosa.

 

Tratamiento actual

Hoy, cuando cursa el primer semestre de su carrera, Ninoska sólo se trata con cannabis, y dejó de lado el tratamiento convencional. “Ahora mi tratamiento es de seis gotas en la mañana y cuatro en la noche, y si siento alguna molestia tomo una o dos al mediodía”, sostiene, y cuenta feliz que durante más de un año que no ha tenido siquiera una convulsión.

Gracias a esto, la percepción familiar sobre el cannabis cambió abruptamente. “Ahora mi abuelito que tiene más de 80 años, me acompaña a la marcha Cultiva tus Derechos, porque sabe lo bien que me ha hecho”, sostiene. “Y no sólo mi abuelo; cambió el paradigma a nivel familiar”.

¿Qué les dirías a las personas que no se atreven a usar cannabis?

Que se abran de mente. Que toda la vida nos dicen que el cannabis es malo, entonces uno tiende a creerlo, pero debemos cambiar el switch y ver lo positivo que tiene el tratamiento con esta planta.

Mi familia estaba desesperada buscando una salida a mis convulsiones y la encontraron en el cannabis.

Finalmente, creo que no hay que seguir estrictamente lo convencional, sino también buscar una alternativa: gracias a eso, mi vida cambió de forma radical.