“NO SE PODÍA VIVIR ASÍ, NO QUERÍA SALIR, ESTABA CANSADA TODO EL DÍA. AHORA ESTOY FELIZ”

Silvia Valdés tiene 54 años y vive en la provincia de Petorca. Hace 2 años le diagnosticaron fibromialgia y su vida cambió radicalmente. Tuvo que dejar la jardinería porque el dolor era demasiado y los medicamentos no le hacían efecto, hasta que descubrió el cannabis medicinal. “Mi vida mejoró en un 100%”, dice. Hace 3 años que Silvia tiene fibromialgia, pero solamente fue diagnosticada hace 2, luego de que su neurólogo le realizara una resonancia que no mostró ninguna lesión significativa. “Mis síntomas eran dolores muy fuertes en la medula espinal, estaba postrada en la cama, sentía como si me diesen vuelta una tetera hirviendo en la espalda”, cuenta. Le prescribieron pregabalina y tramadol, el que sólo usó una vez. “Me daba mucho miedo el tramadol. Cuando yo conversaba y estaba con otras personas, hablaba mal, parecía ebria. Alcancé a darme cuenta y me asustó. Además, tampoco me hacía mucho, seguía con dolor”.

Ver más ->

“SU PRÓXIMO PASO ERA LA SILLA DE RUEDAS, AHORA BENJAMÍN CAMINA”

Carolina Valdés (74) está casada con Benjamín Hargreaves (76). Cuando a él le diagnosticaron Parkinson, ella fue la encargada de cuidarlo. “Benjamín no caminaba, no podía estar solo, se despertaba 7 veces en la noche”. Con cannabis, el cambio ha sido rotundo. Hace casi dos años, a Benjamín lo diagnosticaron con Parkinson. Más que movimientos involuntarios, su principal síntoma fue la rigidez. “No se movía mucho, no lo podíamos dejar solo en el sillón porque se caía. Apenas caminaba con burrito”, cuenta Carolina. “El remedio que le dio el neurólogo le hizo pésimo. Durante la noche, empezó a transpirar mucho. Estaba mojado entero, pensábamos que se moría ahí”. Detuvieron inmediatamente el consumo y junto al neurólogo, probaron con otro, que también le generó complicaciones, no tan graves como el primero, pero que dificultaban la calidad de vida de Benjamín y Carolina.

Ver más ->

“GRACIAS AL TRATAMIENTO CON CANNABIS HA MEJORADO LA CALIDAD DE VIDA DE TODA LA FAMILIA”

Pedro Jorquera es el papá de Alonso, un niño de 6 años que a los seis meses de vida fue diagnosticado con epilepsia refractaria. El camino para encontrar tratamiento no fue fácil, ya que los fármacos no le hacían efecto. Desde que se trata con cannabis, Alonso ya no tiene crisis. A continuación, su testimonio. A los seis meses de vida, Alonso Jorquera fue diagnosticado con epilepsia refractaria, una patología que le generaba más de 15 crisis diarias. “Usando los antiepilépticos se le quitaban las crisis, pero no por mucho tiempo. Tenía crisis fuertes todos los días, que a veces paran hasta por tres meses, pero siempre volvían”, cuenta su papá. Buscando otras opciones que pudiesen mejorar la calidad de vida de Alonso, Pedro comenzó a averiguar sobre el cannabis medicinal. “Nos enteramos de la Fundación por las redes sociales, por Facebook y agradezco mucho haberlo hecho”.

Ver más ->

“EL CANNABIS LE SIRVIÓ A MI HIJO PARA SER FELIZ”

Cristóbal tiene seis años y fue diagnosticado con un autismo severo hace cuatro. Lleva más de un año tratándose exclusivamente con cannabis y según Cecilia, su mamá, el cambio ha sido impresionante. “Realmente nos ha cambiado la calidad de vida y espero que este testimonio sirva para que muchas madres que pasan por esto mismo pierdan el miedo y se atrevan”, cuenta.    Cristóbal es el hijo más chico de Cecilia, el concho. Sin embargo, a los 10 meses ya notaba que su hijo era diferente. “Se bajaba de la cama y caminaba solo, hacía poco contacto visual y no hablaba tanto. Era muy hiperactivo”. Pensando en que sólo necesitaba contacto con otros niños, Cecilia puso a Cristóbal en un jardín Junji. “Fue una pésima experiencia. Hacía crisis y era súper destructivo, rompía cosas. No comía en todo el día, a menos que fuera yo a dársela. Las tías me fueron a ver a la casa, a decirme que no podían seguir con él en clases. La directora incluso me dijo que mi hijo tenía Asperger, que nunca iba a ser un niño normal y yo tenía que aceptar eso y tener un duelo. En ese momento, no tenía ningún diagnóstico”, cuenta. Cecilia llevó a Cristóbal a 4 neurólogos antes de tener un diagnóstico definitivo. Sin embargo, todos optaban por medicarlo. Le recetaron risperidona, un fármaco usando normalmente para la esquizofrenia. “Mi hijo estaba con 38 gotas en la mañana y 38 en la noche, y no había ningún cambio. Seguía con crisis de agresividad y sin ningún contacto con sus compañeros o hermanos”. Encontrar un colegio que pudiese realmente hacerse cargo de Cristóbal fue un proceso muy difícil. Por su trabajo como terapeuta, Cecilia tuvo la suerte de conocer a alguien que le recomendó el actual colegio de Cristóbal. Se trata del Centro de Recursos Educacionales Persevera de Chillán, un espacio donde Cristóbal ha podido formarse con los cuidados adecuados para su autismo.

Ver más ->

“A MÍ EL TRATAMIENTO CON CANNABIS ME DEVOLVIÓ LA ENERGÍA”

La señora Juana lleva más de dos años siendo paciente de Fundación Daya. Si bien primero comenzó su tratamiento con cannabis sola, hoy decide hacerlo acompañada y guiada por los terapeutas y doctores de la Fundación. Para ella la planta fue una salvación y por lo mismo, está ansiosa por contar su testimonio. Hace 10 años Juana Rivera pasó por uno de los momentos más difíciles de su vida. “Me diagnosticaron con fibromialgia, un cuadro vertiginoso, un herpes zóster en la cara, un edema en la super renal izquierda, una lesión en el manguito rotador, además de los dolores por la artrosis y la edad”. Eso, sumado a algunos problemas personales, le provocaron una fuerte depresión. “Mi hija me recomendó un tratamiento con cannabis y ahí empecé a investigar. Para mis las plantas son muy sabias, me gusta mucho esa medicina”. Hace años tomó algunos medicamentos, pero su cuerpo no los toleraba muy bien. “Para la fibromialgia nada me servía. El dolor era tan grande, que me tocaba el pelo y me dolía. Eran insoportables. Cuando sufrí el cuadro de vértigo, no me podía parar. Fueron un cúmulo de cosas que me llevaron a pensar que estaba con las energías muy bajas”, afirma.

Ver más ->

“AHORA REVIVÍ A LA ALEGRÍA DE ESTAR DESPIERTA CADA DÍA, EXPERIMENTAR GOZO, A SONREÍR SIN DOLOR”

Hace cinco años Lorna Aguirre fue diagnosticada con fibromialgia, una enfermedad que se caracteriza por producir mucho dolor muscular y fatiga. Probó todas las terapias y fármacos posibles, pero nada hizo efecto hasta que comenzó tratamiento con cannabis. A continuación, su testimonio. Lorna Aguirre Diaz vive en Arica y fue diagnosticada con fibromialgia el año 2013. “Desde hace mucho tiempo empecé a sentir dolores, estos fueron aumentando hasta que fui diagnosticada por un reumatólogo”. Sus síntomas durante mucho tiempo incluyeron rigidez matutina, impidiendo a Lorna moverse con naturalidad en su cotidiano, como subirse a un auto o ir al baño. “Además sufría de colon irritable, los dolores de intestino hacían que me desmayara. En las noches no podía dormir porque no soportaba el peso de las sábanas, pensaba que estaba enloqueciendo porque cuando me peinaba lloraba de dolor”, cuenta Lorna. Por años utilizó diferentes tratamientos como Duloxetina, un fármaco paliativo para dormir. En casos extremos de dolor, le recetaron tramadol más paracetamol de 1 gramo, cada 8 horas. 

Ver más ->

“NUESTRA CALIDAD DE VIDA HA MEJORADO CONSIDERABLEMENTE, MI MAMÁ YA NO SIENTE DOLOR”

Virginia Rodríguez es la cuidadora principal de su mamá, Blanca Aurora Pávez, quien hace tres años fue diagnosticada con un sarcoma con metástasis. El síntoma principal de Blanca era el dolor, uno tan intenso que hacía todo imposible. Hace un año que se trata con cannabis y el dolor desapareció por completo. A continuación, su testimonio. Blanca Aurora Pávez tiene 87 años y camina sin problema. “Hace mucho tiempo que ya no siento dolor”, dice mientras sonríe. Su hija, Virginia Rodríguez es su cuidadora principal. “Este es el segundo cáncer de mi mamá y realmente venir a la Fundación nos cambió la vida”, afirma. Como parte del tratamiento para su cáncer, Viviana llevó a su madre al Servicio de Cuidados Paliativos del Hospital Felix Bulnes. “Ahí conocí la hija de un paciente que tenía dolores similares al de mi mamá. Conversamos harto rato y me contó que él se estaba atendiendo en Fundación Daya y ya no sentía ningún dolor”.  Blanca tomaba tramadol en dosis que aumentaban regularmente para poder paliar el dolor. Antes de llegar a la morfina, se acercó a Fundación Daya.  

Ver más ->

“EL TRATAMIENTO CON CANNABIS FUE EL COMPLEMENTO NECESARIO PARA QUE SOPHIA SE MEJORARA”

Hoy Sophia tiene siete años y está en segundo básico. Tiene el pelo largo y sonríe cálidamente, mientras recorre con familiaridad los pasillos de la Fundación. Sophia es la paciente número 17 y junto a su mamá llevan cuatro años siendo parte de la Comunidad Daya. A simple vista no se nota, pero gracias al tratamiento con cannabis, Sophia superó un cáncer muy intenso. A continuación, su historia. Gabriela Paz Díaz tiene 31 años y es de Copiapó. Su hija, Sophia Contreras Díaz, fue diagnosticada con un linfoma de Hodgkin de células grandes cuando tenía sólo 3 años. “De un día para otro empezó con una fiebre que no bajaba con nada, no se podía controlar y sentía un dolor muy grande en el cuerpo. Pensamos que era una infección en el estómago porque sentía dolor localizado ahí”. Sophia estuvo hospitalizada en Copiapó por 20 días y después de muchos exámenes sin resultados concretos, fue derivada al hospital Roberto del Río en Santiago. Solo con una biopsia se pudo confirmar el diagnóstico, y desde ese mismo día, Sophia comenzó con quimioterapia. “Los médicos hicieron una reunión conmigo y partimos el tratamiento inmediatamente, porque el cáncer estaba muy avanzado. Las quimioterapias empezaron el mismo día que nos dieron el diagnóstico. El primer fue el más invasivo, la quimioterapia le quemó la piel a Sophia, dejándole manchas en la espalda. Además, adelgazó muy rápido, ya que dejó de comer y vomitaba constantemente. Por dos semanas, sumado a la quimioterapia, le recetaron Clonazepam y Morfina. “Yo veía que los efectos que le producían no eran buenos, la dejaban peor. Yo misma tomé la decisión de dejar de administrarle esos remedios y al siguiente mes de empezar con tratamiento, le di aceite de cannabis. “Yo nunca había escuchado sobre cannabis, tenía una noción que en adultos podría funcionar. En redes sociales vi algunos comentarios de la Fundación y le escribí directamente a Ana María, contándole lo que estaba pasando”.

Ver más ->

“Para mí el cannabis no es medicina alternativa, es mi opción de vida. Esto es lo que me está devolviendo mi calidad de vida”

Cecilia León tiene 49 años y fue diagnosticada hace dos años con Parkinsonismo Plus Idiopática. “Un año antes de mi diagnóstico me empecé a descoordinar, estaba más lenta y torpe. Me atrasaba, caminaba con pasos cortos porque me desequilibraba, dormía súper poco. Fue todo muy rápido, entonces fui al doctor quien me derivó a un neurólogo. Él me hizo una resonancia y a través de un examen cerebral, pudieron diagnosticar específicamente el parkinsonismo. Una vez que la diagnosticaron, le aclararon que su enfermedad no es Parkinson como tal, sino que presenta síntomas similares, pero es mucho más agresiva y no responde a tratamiento con fármaco. De todas formas, decidieron probar con los fármacos que usan para tratar la esquizofrenia. Usaron una serie de medicamentos, que, por los efectos secundarios, la llevaron a una arritmia cardíaca severa. “Estuve en cama, no me podía vestir, abrocharme los zapatos o cosas cotidianas como abrir una llave. Además de los efectos secundarios, los síntomas del parkinsonismo avanzaron. Usaron los tres medicamentos disponibles y no mejoraba nada. Estuve 6 meses con ese tratamiento, bajé 10 kilos y quedé en cama”, cuenta Cecilia.

Ver más ->

“PARA KEVIN EL TRATAMIENTO CON CANNABIS NO ES UNA ALTERNATIVA, ES SU ÚNICA OPCIÓN”

Luis Torres es kinesiólogo y trabajando en la Fundación Artesanos de la Vida conoció a Kevin; un niño de 5 años con síndrome de Lennox, una epilepsia refractaria que no responde a medicamentos. Se diagnostica por un electroencefalograma que muestra un patrón del cerebro específico. “Al momento en que lo conocí, Kevin tenía entre 20 y 25 convulsiones diarias. Por una operación que le hicieron, no integraba el lado izquierdo de su cuerpo. Durante las siete semanas que duró mi internado, la terapia consistía en tratar de que usara su lado izquierdo y que se desplazara”, afirma Luis. Desde la Teletón lo dieron de alta porque era muy difícil avanzar en que realmente integrara el lado izquierdo del cuerpo. Ver mejorías durante la terapia era una tarea muy difícil o casi imposible, por la severidad y la cantidad de convulsiones.

Ver más ->

“LA CANNABIS MEDICINAL PARA NOSOTROS HA SIGNIFICADO UN DESPERTAR EN NUESTRO HIJO”

“Un día 8 de febrero del 2011, a la edad de dos meses y 14 días, llevamos a nuestro bebé a una neuróloga infantil en Concepción, ya que el diámetro de su cabeza había aumentado 6 cms. desde su último control que había tenido hace 20 días. Luego de examinarlo nos dijo que se trataba de una hidrocefalia. Inmediatamente le tomaron un escáner y se trataba de un tumor cerebral. Ha sido el dolor más tremendo que hemos sentido con mi marido. Recuerdo que la doctora nos pidió que nos fuéramos inmediatamente al Sanatorio Alemán porque nos estaban esperando con la cama en UCI lista. Fuimos al auto y nos abrazamos los tres. Lloramos al vivir la muerte tan de cerca. Ese mismo día a Cristóbal, grave, le indujeron un coma porque la presión que tenía en su cabeza era demasiada. A eso de las 23:00 horas le hicieron una resonancia. El neurocirujano nos dijo que lo que tenía Cristóbal era muy malo, de ahí en adelante fue luchar por su vida. Los oncólogos no querían empezar tratamiento sin antes saber qué tipo de tumor tenía y los neurocirujanos no se atrevían a operar por encontrarse dicho tumor en el centro del cerebro. Finalmente, se hizo la biopsia con una máquina que se arrendó en Santiago, la cual indicó que el tumor de Cristóbal se trataba de un Astrocitoma anaplásico. Pronto comenzaríamos con la quimioterapia. A pesar de tratarse de un tumor de alto grado, el protocolo de quimio era para tumores de bajo grado. Dentro de los 18 meses que estuvo con quimioterapia pasamos por un sin fin de inconvenientes, entre ellos una hiponatremia severa que causa mucho daño neurológico, constantes transfusiones de sangre, decaimiento e inapetencia. Pero salimos adelante victoriosos y ya el tumor había desaparecido. Sólo quedaban restos encapsulados de tumor. El tumor de seis cms que tenía Cristóbal lo dejó con múltiples secuelas, retraso global de su desarrollo psicomotor y casi sin visión. El año 2013 llegamos a Santiago porque mi esposo vino a realizar su beca de especialización en neurología adultos y nos dedicamos a rehabilitar a Cristóbal en centros especializados. Iba todo marchando bien, incluso empezó a ir al colegio. El 13 de marzo del 2015, realizamos resonancia de control, creíamos que sería un mero trámite, pero no fue así. La resonancia nos decía que el cáncer había vuelto. Fue una mala sorpresa para nosotros, no nos explicábamos como no presentó síntomas por tener tres tumores en su cabeza, el más grande de 5 cms. Nos fuimos al auto y volví a tener esa sensación que ya había olvidado, ese miedo a perderlo, el terror a su muerte. Inmediatamente con mi esposo dijimos que no le haríamos radioterapia por todos los contras que tiene y que veríamos la posibilidad de hacerle quimio siempre y cuando fuera algo muy suave. No someteríamos a Cristóbal, a nuestro hijo amado a procedimientos muy invasivos y que finalmente le perjudicarían su calidad de vida. Fue un par de días después, que mi amiga de Concepción, Andrea Bello, me dice que confiemos en la Cannabis medicinal. La verdad no lo pensamos dos veces y el 21 de marzo nos reunimos con Ana María Gazmuri, quien nos abrió las puertas de su casa. Con ella pudimos aclarar nuestras dudas. Después de eso apareció un angelito y ese mismo día comenzamos con Cannabis. Con el tiempo, hemos leído sobre el tema “Cannabis en tumores cerebrales”, me comuniqué vía correo electrónico con uno de los científicos…

Ver más ->

“Tuve un cambio radical con la cannabis y fue hermoso, porque los opiáceos tienen la facultad de inhabilitarte para hacer cosas”

Esteban Torres Vergara es activista de Fundación Daya en Quilpué, músico y ex bajista de la banda Saiko. En el año 2005 sufrió un accidente automovilístico que lo dejó con una fractura por estallido de la vértebra L1, con lesión de médula incompleta. Debido a esto, comenzó a utilizar morfina para calmar el dolor, desarrollando incluso, una cirrosis medicamentosa producto de tanta ingesta de este fármaco: “Tuve un cambio radical con la cannabis y fue hermoso, porque los opiáceos tienen la facultad de inhabilitarte para hacer cosas, por tanto cuando empecé a utilizar cannabis, hubo un florecimiento muy grande en mí”, señaló el artista.

Ver más ->

“Con el cannabis Ernesto está recuperando el derecho de ser quien es. Los pacientes que están medicados con antipsicóticos todo el día, no molestan, pero no eres tú y para mí eso es una tremenda violación a los derechos humanos”.

Ernesto Malde tiene 13 años. de edad y vive en Santiago, junto a su familia. Al nacer fue diagnosticado con Síndrome de Down y posteriormente, a los seis meses de vida, le diagnosticaron Síndrome de West, una encefalopatía epiléptica de la infancia, grave y poco frecuente. A sus cuatro años, además, le diagnosticaron un Trastorno del Espectro Autista. Lucía Vivanco, su madre, es Terapeuta Ocupacional, y el año 2016 decidió iniciar un tratamiento en base a cannabis medicinal para su hijo en 2016.: “Ernesto comenzó a salir de su autismo, dejando atrás su actitud negativa, conectándose con el optimismo. Está más sociable, se conecta con personas que no conoce, generando confianza a los cinco minutos; antes no hacía esto”.

Ver más ->

Testimonio de una madre que usa cannabis para su hija con Leucemia “El cambio fue impresionante desde el comienzo”

Paulina Sánchez es la madre de Colomba Álvarez, una niña de cinco años y 10 meses, diagnosticada con Leucemia Linfoblástica aguda tipo B a sus cuatro años de edad. Fue hospitalizada durante 15 días y sometida a quimioterapias que le causaron mucho dolor, por lo que Paulina decidió utilizar cannabis como terapia paliativa: “En un momento tenía mucho dolor, iniciamos el tratamiento con macerado de cannabis, pasaron un par de minutos y ella andaba feliz de la vida”.

Ver más ->

“En el sistema público de salud no encontré la contención que encontré en Fundación Daya”

“Los remedios le producían efectos adversos como malestar, náuseas y dolor de cabeza y la cannabis ninguno”, relata la nieta de la paciente.

Ver más ->

“Los médicos nos decían que las convulsiones de nuestro hijo se iban a detener con el tiempo, pero en Mateo no veíamos ningún avance. Eso, hasta que consumió el aceite de cannabis”

La madre de Mateo relata que tras el inicio del tratamiento en base a cannabis, la cabeza de su hijo retomó el crecimiento normal. Cuenta que la neuróloga del Hospital de Coquimbo que lo atendía “estaba muy impactada del cambio y nos indicó no dejar el aceite de cannabis”. Por la misma época, Mateo empezó a balbucear y a decir mamá: “Antes era como que no estaba, los medicamentos lo tenían muy dopado todo el tiempo y sin avances. Antes del aceite teníamos que administrarle los medicamentos por sonda y nuestra calidad de vida era muy estresante”.

Ver más ->

Luego que desahuciaran a su hijo, iniciaron tratamiento con cannabis: “Seguimos utilizando el tratamiento y luego fue sometido a una nueva resonancia magnética, dando como resultado una excelente noticia: la masa del tumor había desaparecido”

La junta médica, señala Carolina López, madre de Tomás, catalogó este caso “como un milagro”, pues ella cree que es difícil que puedan plantearse el uso medicinal del cannabis como posible causa de ello. Sobre el tratamiento en base a cannabis señla que “es una alternativa para salvar una vida, porque a veces una se posterga por el qué dirán o por el miedo, pero en realidad es un aporte. La cannabis es sanadora y en este caso a mi hijo le ha quitado el cáncer”.

Ver más ->

Luego que el tramadol afectara a su hígado y riñón, decidió cambiarlo por cannabis medicinal: “El cannabis ha sido un muy buen aliado para manejar el dolor, se lo recomiendo a todos”

Actualmente Julia Fuentes trata sus dolores exclusivamente con cannabis medicinal, lo que le permitió dejar definitivamente las gotas de tramadol que ingirió durante 17 años, mejorando su calidad de vida de manera notoria.

Ver más ->

El testimonio de una madre cuya hija padece Síndrome de West: “Con el cannabis mi hija volvió a nacer”

“Para nosotros todo esto ha sido un milagro, de hecho ni su médico se explica por qué Josefa está tan bien teniendo Síndrome de West” dice la madre de la pequeña Josefa Obando.

Ver más ->

“(El cannabis) es una medicina que le hace bien a los niños con epilepsia”

Después de más de una década con tratamientos tradicionales, señala su madre, Lucas presenta un gran daño neurológico que lo equipara a un niño de dos años producto de las constantes convulsiones y los efectos secundarios que dejaron esos medicamentos. Porque como ella misma señala “sólo el cannabis le ha aliviado la calidad de vida”.

Ver más ->

“Los tratamientos convencionales para las epilepsias son muy agresivos y dañinos. La cannabis le devolvió la calidad de vida a mi hija”

“Florencia ha evolucionado siempre para bien. Sinceramente no pensé que iba a estar en este contexto con mi hija, yo tenía una visión bastante recreacional hacia la planta. Los tratamientos tradicionales para las epilepsias son muy agresivos y dañinos. Florencia tenía que disfrutar la vida y la cannabis le devolvió la calidad de vida”, relata la madre de la niña.

Ver más ->

Le recomendaron extraer la mitad del cerebro de su hijo, pero decidió probar con extracto de cannabis: “Al mes de tratamiento ya no tenía ninguna convulsión”

“Ya nos habían confirmado que ningún remedio le hacía bien y que su enfermedad había derivado en una epilepsia refractaria. Al cumplir el año le dimos aceite de cannabis a nuestro hijo y al mes ya no tenía ninguna convulsión. Fue algo milagroso”, relata su madre.

Ver más ->

La historia de Lucas Riffo: el primer bebé clínicamente autorizado para utilizar aceite de cannabis en Latinoamérica

Luego del tratamiento con cannabis medicinal, el niño pasó de convulsionar 300 veces al día a alcanzar un estado de cero convulsión en los primeros seis meses de tratamiento. De esta forma la familia Riffo Reyes cambió un desesperanzador diagnóstico médico que desahució a su hijo a ver cómo sigue creciendo con salud y calidad de vida.

Ver más ->

Usuario de Cannabis Medicinal despedido arbitrariamente de su trabajo: “Conmigo se equivocaron; lo mío era uso medicinal”

Raúl García Vergara vive en Arica y tiene 56 años. Nació en Santiago en la comuna de Independencia y, por razones de trabajo, sus padres se mudaron al norte del país. Viajó mucho tiempo por Chile, hasta que en 1991 se radica en Viña del Mar, ciudad que abandonó para radicarse en Arica hace más de 10 años.
Raúl, a raíz de una severa artrosis de cadera, es usuario de cannabis medicinal, y cuenta que nunca tuvo una visión negativa hacia la planta …

Ver más ->

“Es increíble el efecto que produce el Cannabis; le devolvió la independencia a mi mamá”

Francisco Lara es trabajador minero y oriundo de la III región de Atacama, Copiapó. Su madre Wilda Veliz, de 83 años, fue diagnosticada con Parkinson, una enfermedad crónica, progresiva y degenerativa que causa la pérdida paulatina de la capacidad física y mental. Postrada durante más de cuatro años, en la actualidad Wilda puede caminar apoyada de un burrito gracias al aceite de cannabis que consume hace más de un año.

Ver más ->

“Soy usuaria medicinal y el Cannabis me cambió la vida”

Inés Ximena Martínez Olivares es nativa de Río Bueno, región de Los Ríos (Chile). Los dolores de Inés comenzaron en el año 2000. Pasó por varios diagnósticos y exámenes médicos, inclusive la catalogaron como hipocondríaca. Hasta que una doctora, sensibilizada con su situación, le manifestó que, a pesar de no lograr dar con el diagnóstico, ella no creía que se estuviera inventando las dolencias.

Ver más ->

“El cannabis me trajo a la vida”

Mariana Vera Barraza vive en el centro de Iquique y tiene 53 años. Madre de dos hijos y con Fibromialgia diagnosticada desde 1996, cuenta que su vida era normal junto a su esposo René, hasta que comenzaron diversos dolores físicos. “Mis hijos sufrieron cuando empecé a enfermarme. Eran chicos y me veían tirada. Ni siquiera podían prender la luz porque me molestaba. Era un dolor terrible desde el pelo hasta los pies. Ni los ojos podía abrir a veces”, recuerda. El primer diagnóstico a los dolores de Mariana fue una osteoporosis. “Empecé con un problema hepático y del páncreas. Me dieron medicamentos que me hicieron bajar de peso y nunca me dijeron lo que tenía realmente. Los medicamentos me hicieron muy mal”, comenta. Tuvo muy mala experiencia con la medicina tradicional. “Pasé mucho dolor, desprecio e incomprensión por parte de los médicos que me vieron. Más de alguna vez me miraron como una enfermedad, no como un ser humano. Me vieron como un paciente, alguien que tiene paciencia y espera”, cuenta. Mariana comenta una experiencia que le tocó vivir. “¿Cómo le explicas a un médico que te duele el brazo si ni siquiera te mira? Y te receta y receta medicamentos. Una vez un doctor me dijo que a los 45 años era normal tener dolor. Lo miré, me paré y me fui”. Pero hoy aprendió a vivir de nuevo “Cuando llevas tanto tiempo sin reírte y te vuelves a reír, te ríes desde dentro, desde el alma”, asegura la iquiqueña.   Historia con el cannabis Sus dos hijos le pidieron que probara con el cannabis hace un par de años, pero no quiso. “Tenía un rechazo enorme y mi marido también. Era lo peor. Mis hijos consumían y yo no estaba de acuerdo. No consumían delante de mí”, indica. “A ti te enseñan que las cosas son así y no puedes desviarte”, agrega. Tras una visita al departamento de sus hijos, todo cambió. “Vine a Santiago a ver a mis hijos y su departamento estaba muy desordenado, pero no pude limpiarlo. El cuerpo no me daba; me sentí muy mal”, recuerda. En mayo de 2016, Mariana acepta conocer más sobre el cannabis medicinal y se acerca a Fundación Daya. Su primer acercamiento fue asistir a la marcha “Cultiva tus Derechos” convocada por Daya y a la que asistieron más de 400 mil personas por una nueva política de drogas. “Lo pasé estupendo. La gente fue muy amable, lo que me extrañó: tenía muchos prejuicios”. Prejuicios que también tuvo al acercarse a Daya por primera vez en compañía de su hija. “Pensé que me dirían que no está tan enferma, que no me iban a pescar, como pasó con tantos médicos”. Y fue todo lo contrario. “Llegué a Fundación Daya y todos me atendieron súper bien. Me enseñaron sobre autocultivo y medicina cannábica”, comenta. “Como me fue bien, insté a mi prima que tiene cáncer a que se acerque también. Las dos hemos vuelto a la vida. Dentro de todas las nubes negras, vemos rayos de sol. Y eso lo logré gracias al cannabis”, agrega. De haber estado enferma física, mental y emocionalmente, Mariana ha pasado a tener una vida totalmente distinta. “Ahora bailo con mi esposo, salgo, me baño y me visto sola y hasta he ido a pescar. Soy capaz de tirar una lienza. Aunque tenga mis dos codos fracturados por problemas en los huesos, pero no importa: puedo  caminar, bailar, tejer. Me he sanado. Sé que estoy…

Ver más ->

“El cannabis permitió pasar de la silla de ruedas a tener una vida completamente normal”

Arturo Pérez Tapia tiene hoy 39 años, y hasta los 25 llevaba una vida completamente normal hasta que comenzó con dolores que costó más de un año en encontrar la patología. Nacido y criado en Lontué, en la Región del Maule, Arturo está enamorado de su zona. “Nacido y criado aquí, y espero morir en este lugar también”, asegura. Y el gusto por la zona se dio en que en sus primeros 25 años de vida, Arturo siempre fue muy deportista. “Andaba en bicicleta, hacía pesas, jugaba fútbol, trotaba, me encantaban los deportes al aire libre, los deportes extremos, subir los cerros de esta zona; en fin, muy deportista”, asegura.   Comienzan las molestias Sin embargo, a pesar de la vida sana que siempre llevó, algo le pasó cuando tenía un cuarto de siglo de vida. “Todo partió con una inflamación en el tobillo, el dedo índice del pie después, y al poco andar ya no podía caminar; me movía con muletas o gracias a una silla de ruedas”, cuenta. Y no fue fácil dar con el diagnóstico. Arturo fue a urgencias del Hospital de Curicó, a la Mutual, iriólogos y todos le daban antiinflamatorios. “Incluso fui donde un curandero, porque quería agotar todas las posibilidades, y nada”, asegura. Y así estuvo durante un año: Arturo sin poder caminar, con mucho dolor. “Ya ni siquiera podía pararme de la cama para ir al baño, todo era muy complicado por el dolor”, recuerda el lontuenino. Después de tanto buscar respuesta, Arturo ya con un año sin poder seguir su vida de deportista, ya estaba a poco de perder la esperanza. “La esperanza me volvió cuando un Kinesiólogo de Curicó me recomendó ir donde el doctor Luciano Villanueva, un Reumatólogo que atendía en Santiago”, comenta.   Diagnóstico Sin pensarlo dos veces, Arturo viajó  los más de 200 kilómetros que separan a su amado Lontué de la capital. “En la zona no había reumatólogos, y si me daban este dato había que viajar como fuera”, asegura el afectado. Al llegar a Santiago, el doctor Villanueva le hizo una serie de exámenes, y en un par de horas dio con el diagnóstico que durante un año no le habían podido dar: Espondilitis Anquilosante. “Por fin tengo el diagnóstico, pensé”, cuenta Arturo. “Ahora, el remedio y vuelvo a vivir”, agrega. Pero no era tan fácil. Lo que no sabía aún Arturo es que la Espondilitis Anquilosante es una enfermedad autoinmune, degenerativa, sin cura, por lo que los medicamentos sólo le servían para mantenerlo sin dolor y sin que la enfermedad avance tan rápido, mejorando la calidad de vida. “Estuve tres años bien”, asegura Arturo, quien a esas alturas consumía diversos medicamentos, gastando más de $200 mil pesos mensuales. “Tomaba ya ni me acuerdo qué cantidad de remedio, que si bien me solucionaban el tema del dolor, me hacían daño al estómago y económicamente hablando se me hacía cada vez más difícil sostenerlo”, recuerda. Luego de tres años de tratamiento, ya los medicamentos no le estaban haciendo efecto. Con 30 años, un matrimonio y dos hijas, al lontuenino le hicieron cambio de medicamentos, cuadriplicando el valor. “$800 mil pesos mensuales me costaba el nuevo tratamiento, algo imposible de pagar para mí”, cuenta.   Búsqueda de alivio Fue en ese momento cuando el oriundo de la Región del Maule comienza la búsqueda de una alternativa. “Estaba sin plata, y sin plata desaparecieron los amigos y muchas cosas, entonces había que ver qué hacer”, asegura. En ese momento, le…

Ver más ->

“El cannabis le cambió la vida a mi hija”

Andrea Bello Cruces tiene 40 años. Hace siete años, está acompañada de Sofía, su hija que es penquista igual que ella. Sofía nació el 23 de junio de 2009 con una malformación cerebral, aparentemente por citomegalovirus, contraído en la primera etapa del embarazo de su madre. El embarazo iba absolutamente normal, pero fue en la semana 27 cuando se encendieron las primeras alarmas: “me hicieron una eco transvaginal y el doctor no me decía nada”, recuerda Andrea, quien se llenó de incertidumbres. A pesar de la poca información que el médico le dio, luego de mucha insistencia, supo que, desde la semana 14 de embarazo, la cabeza de Sofía había dejado de crecer. La malformación cerebral de Sofía le ha traído diversas secuelas, como microcefalia, cuadraplejia, y una serie de anomalías, y fue cuando sólo tenía tres meses de vida cuando se le manifestó por primera vez una epilepsia refractaria.   Constantes visitas a los médicos A los 5 meses la derivaron al Hospital San Borja, de Santiago. Andrea viajó desde Concepción con Sofía, a quien internaron para confirmar un posible Síndrome de West. Con sólo cinco meses, Sofía estuvo hospitalizada 42 días. “Le hicieron miles de exámenes, electro, video monitoreo, entre otros, y nunca se tuvo un diagnóstico cierto”, sostiene Andrea, quien asegura que “después de la larga espera, sólo salió con un par de medicamentos”. Esos medicamentos fueron ácido valproico, y un fenobarbital que le recetó la Neuróloga. Comenzó la búsqueda de soluciones y Andrea llevó a Sofía de médico en médico. “Cada uno de ellos recetaba un medicamento nuevo”, indica Andrea. “Finalmente, probaba con lo que me dijeran; lo único que quería era una mejor calidad de vida para mi hija”, agrega. Los primeros años de Sofía recorrieron así: constantes viajes de Concepción a Santiago y visitas a diferentes profesionales. Además, como tratamiento anexo, Sofía comenzó a los tres meses con kinesiólogos de la Teletón. “Fue ahí cuando nos dijeron que Sofía hacía crisis de espasmo, crisis de ausencia, y otros”, asegura Andrea, quien cuenta que el primer año de su hija iba una semana al mes al centro, donde tuvieron muy buena experiencia. Fue cuando tenía cinco años cuando Andrea la llevó al Centro de Epilepsia de la Clínica Las Condes. “Esto es un costo emocional y económico gigante. Con sólo un día de internarla en la clínica, la cuenta salía más de dos millones de pesos”, asegura. A esa altura, Sofía ya se medicaba con tres anticonvulsionantes y un antipsicótico. “Uno, en la angustia, hace todo lo que le dicen los médicos, pero ahora pienso en todos los daños colaterales de esos medicamentos”, cuenta Andrea. Con toda la carga emocional Andrea comenzó a sentir crisis de angustia; su hija llena de medicamentos y endeudada hasta decir basta: “reventé línea y tarjeta de crédito”, recuerda. En todo este tiempo, Sofía también sufría de crisis de irritabilidad, porque tenía trastorno del sueño. “Dormía con suerte dos horas en la noche; recuerdo noches enteras sin dormir”, sostiene. En definitiva, Sofía tenía cinco años, en los cuales jamás había podido dormir bien.   Escucha sobre el uso medicinal de cannabis Fue a fines de julio de 2014 cuando Andrea por fin vio algo de luz. “En la tele hablaron del Sativex –fármaco cuyo principal ingrediente es el cannabis- y vi que apareció Ana María (Gazmuri) comentando que en Fundación Daya acompañaban a padres de niños con epilepsia refractaria”, recuerda Andrea. La madre tenía un prejuicio enorme frente al cannabis….

Ver más ->

“Con el cannabis me olvidé de mis convulsiones”

Ninoska del Carmen Reyes López tiene sólo 18 años. Desde pequeña, sufrió crisis epilépticas sin ser diagnosticadas. “Cuando tenía dos años, me daban unos dolores fuertes de estómago y creyeron que podía ser producto de fecalomas  y un tema estomacal, por lo que me indicaron una dieta que debía seguir”, comenta Ninoska. Si bien algo mejoró, los problemas continuaron, y no eran poco frecuentes los dolores estomacales. “Los médicos que me veían me recomendaban medicamentos para el dolor o dietas, pero nadie supo que yo tenía epilepsia refractaria, hasta muchos años después”, sostiene.   Diagnósticos Fue cuando cursaba Segundo Medio cuando la epilepsia refractaria de Ninoska, aún no diagnosticada como tal, comenzó a mostrarse más agresiva. “Un par de veces tuve convulsiones y llegué a caerme al piso en varias oportunidades”, cuenta. En ese momento, Ninoska y su familia deciden ir a otro médico, quien les da un pre diagnóstico errado: problema psiquiátrico, y las convulsiones son producto del estrés. Sin embargo, la joven estudiante se sometió a un electrocardiograma y este arrojó algunas anomalías, las que contrastaron con una resonancia magnética y dio el veredicto: Esclerosis Tuberosa, que se manifiesta con epilepsia refractaria. La enfermedad de Ninoska  afecta el sistema nervioso central y la piel, creándose tumores no cancerosos en diversos órganos. A estas alturas, Ninoska ya sufría de unas tres convulsiones diarias en promedio, y el tratamiento consistía en varias pastillas en la mañana y otras más en la noche. “A pesar de estar llena de pastillas, la mejoría fue a medias, y al año siguiente, en Tercero Medio, ya me tuve que cambiar de colegio por las convulsiones y me cerraron el semestre”, recuerda.   Tratamiento alternativo y reacción familiar Ninoska y su familia no estaban contentos con el tratamiento convencional. “Estaba todo el día cansada, el cuerpo adolorido, no reaccionaba y no tenía razón de mi misma”, sostiene. “No podía ni salir a la calle sola porque en cualquier momento me venía una convulsión”, agrega. La situación ya los tenía desesperados. Los padres de Ninoska empezaron a investigar y en Internet llegaron al tema del cannabis medicinal. “Esto remeció a mis papás, mi papá se espantó: mi familia completa, desde mis papás, hasta mi hermana, mis abuelos, tíos, y todos en ese momento eran súper cerrados al tema de las drogas; quien usaba cannabis era un drogadicto, pensaban”, comenta Ninoska.   Fundación Daya Pero debido a la desesperación, siguieron investigando sobre el tema. “Buscando en Google llegaron a la Fundación Daya, y nos dieron una hora de atención para dos semanas más”, cuenta. Aun así, la desesperación de ver a su hija con estos cuadros convulsivos, hicieron que tomaran medidas inmediatas. “Mi papá vio por Youtube cómo fabricar aceite de cannabis, y se consiguió la materia prima en el mercado negro, con todos los riesgos que eso acarrea y lo caro que resulta”, sostiene. Como no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague, Ninoska a las dos semanas fue atendida por una psicóloga de la fundación. “Ella nos explicó súper bien todo el procedimiento del aceite, nos enseñó a cultivar nuestra propia medicina y cómo comprar las semillas que necesitaba, porque si bien consumo THC, es el CBD el que tiene que ir en mayor proporción, y eso se logra sólo con ciertas cepas”, agrega. “Plantamos cuatro plantas en mi casa, asesorados por el ahora Director de Operaciones de Fundación Daya, Pablo Meléndez”, comenta. A pesar de todo, el padre de…

Ver más ->

“El cannabis permite que mi hijo esté vivo y bien”

Verónica Garrido tiene 36 años, y hace 13 es madre de Joaquín. Cuando Joaquín tenía sólo 3 meses de vida, Verónica recibió un balde de agua fría: en un examen de rutina Joaquín fue diagnosticado con Neurofibromatosis, enfermedad genética producida por una falla del cromosoma 17, que produce la aparición de múltiples tumores en distintos órganos del cuerpo. “Desde ahí, Joaquín siempre estuvo en constante monitoreo y estudios. Le han hecho miles de resonancias, scanner, controles y visitas periódicas a diversos especialistas”, comenta Garrido. Como los tumores pueden salir en cualquier parte del cuerpo, Joaquín debe visitar a médicos de varias especialidades. “Finalmente, hay que entender que a Joaquín, en cualquier momento, le puede salir un tumor en el pie, en la boca o en la cabeza”, sostiene su madre. A partir del momento en que Verónica se enteró del problema de su hijo, comenzó una etapa de investigación y estudio. “Empecé a leer mucho sobre la Neurofibromatosis, porque me preocupé mucho”, asegura. Pero también, Verónica aprendió a tener otro estilo de vida: “ya mis planes no son a largo plazo, prefiero vivir el día a día, porque en cualquier momento a Joaquín le puede pasar algo y los planes cambiarían radicalmente”, indica. Y no pasó nada hasta octubre de 2014, cuando Joaquín tenía 11 años. En uno de sus tantos exámenes de rutina, una resonancia magnética salió alterada. ¿El diagnóstico? Joaquín presentaba un glioma en el nervio óptico, y tenía que partir, cuanto antes, con quimioterapia. Garrido llevó a Joaquín a diversos especialistas, como un oncólogo y un neurocirujano, y fue este último quien le señaló que no se podía operar. “Sacar el glioma significaba dejarlo ciego, igual que la radioterapia”, recuerda Verónica. “Cambió todo”, asegura Garrido. A partir de ese momento, Joaquín abandonó el colegio mientras durara la quimioterapia. “Afortunadamente, nunca sintió dolor”, comenta. Pero el dolor fue para la madre: “empecé a vivir el miedo constante de que mi hijo muriera; fue el peor momento de mi vida”, sostiene Verónica. La vida cambió, Verónica supo lo que era una quimioterapia, y preparó a Joaquín. En ese intertanto, Verónica leyó sobre una mujer que tenía a su hija con Neurofibromatosis, que tenía un tumor parecido a Joaquín. “La historia de la niña tenía mucho sufrimiento de por medio, y yo no quería que Joaquín sufriera como esa niña”, esgrime Verónica.   Primeros efectos Fue a fines de 2014 que la quimioterapia de Joaquín comenzó. 18 meses de tratamiento con una sesión semanal en principio parecía agotador. Pero el problema llegó con la segunda sesión. “Joaquín quedó muy mal después de la segunda sesión. Mal de su guatita, y quedó con fecalomas, dolores neuropáticos, le dolían todas las extremidades, comenzó con vómitos, no comía; bajó 15 kilos”, cuenta, sosteniendo que tuvieron que suspenderle la terapia. Fecaloma es una acumulación de fecas endurecidas, que obstruyen el recto. “Debido a eso, pasaron cerca de 20 días en que Joaquín no pudo pasar al baño, lo que hacía que se sintiera pésimo y tuviera mucho dolor, lo que muchas veces hay que operar”, sostiene Verónica.   Búsqueda del alivio “A Joaquín le di laxantes, le hicieron lavados estomacales y nada, seguía sin pasar al baño”, recuerda Garrido. Cuando Verónica ya comenzaba a desesperarse porque sólo buscaba una manera de aliviarlo, una amiga le contó sobre el cannabis. “Estaba desesperada, en la fase en que uno intenta todo, por lo que no tuve ni tiempo de cuestionarme el hecho de tratar con cannabis…

Ver más ->

“Mi hijo volvió a reír y mejoró su calidad de vida gracias al cannabis”

Andrea Acevedo tiene 36 años. En marzo de 2014, nació su hijo León, quien a temprana edad fue diagnosticado con Síndrome de West, una alteración cerebral epiléptica, lo que implica que el cerebro está continuamente haciendo crisis.   Problemas iniciales Las anomalías aparecieron una semana antes de la fecha probable de parto. “Estaba muy ansiosa por el nacimiento de León y una semana antes de su nacimiento lo dejé de sentir y no se movía”, confiesa Andrea. Ante este hecho, Andrea concurrió al hospital. A pesar de sus dudas y temores, la matrona le dijo que no se preocupara y que regresara a la casa. A pesar de lo que dijo la matrona, la intuición de Andrea era cierta: “Mi hijo se estaba muriendo”. No sin complicaciones, Andrea dio a luz. León nació con hipoxia (falta de oxígeno), y tuvo una reanimación en el parto de 7 minutos, mientras que su puntuación de Apgar marcó 1 punto, siendo que 7 a 10 es la puntuación ideal. La primera noche de vida de León fue agitada: tuvo un paro cardiorespiratorio que lo dejó con daño neurológico severo. Con este antecedente, le comentaron a Andrea que su hijo no viviría más de 72 horas.   Diagnóstico: Síndrome de West Fuera de todo pronóstico, León pasó sus primeros dos meses de vida en la UCI. “Cuando ya lo vi bien, me lo llevé a la casa, se veía como un bebé normal”, comenta Andrea. Pero a fines de mes, en mayo, León comenzó a dormir mal. “Lloraba mucho, no dormía, no sabíamos lo que le pasaba”, asegura Andrea. Según cuenta, “llevamos al hospital a León unas cuatro veces, y siempre me decían que tenía cólicos y que no lo llevara más”. Sin embargo, Andrea insistió hasta que un médico le ordenó un electroencefalograma. ¿El resultado?  Hipsarritmia y Síndrome de West. “Quedó hospitalizado”, recuerda la madre. Sin dar mayores explicaciones, León fue diagnoticado con el extraño síndrome. “Como no me decían nada los doctores, comencé a investigar”, relata Andrea, quien agregó que “leí que León tendría una muerte lenta y dolorosa”. “Busqué y busqué por internet y supe del caso de una epilepsia tratada con aceite de cannabis”, comenta. “Me interesó saber más, y le comenté a la neuróloga, quien no avaló la idea”.   Tratamiento con cannabis Al poco andar León tuvo una nueva crisis epiléptica. “Quedó hospitalizado, perdió la vista, y la crisis no paraba a pesar de las 15 inyecciones recibidas. No miraba, no respondía a estímulos, no hacía nada”, recuerda la madre del pequeño paciente. Entonces Andrea decidió probar con aceite de cannabis. “Por internet llegué a Fundación Daya. Escribí y a los dos días me atendió Ana María Gazmuri. Yo estaba desesperada y en la Fundación me ayudaron”. Con los consejos de la Fundación Daya, Andrea se consiguió una botella con macerado de cannabis y se lo dio a su hijo, quien en aquella época sufría entre 150 a 200 crisis diarias.   El cambio “El aceite se lo di el 22 de septiembre de 2014, me acuerdo perfecto el día porque marcó un antes y un después”, cuenta Andrea. La madre de León comenta que “a las dos horas de darle el aceite, León estaba comiendo, tomando leche, volvió a dormir, andaba de buen humor; la vida le cambió en un mil por ciento, volvió a reír y mejoró su calidad de vida”. El aceite de cannabis acabó con las constantes crisis de León. “Ahora está más conectado con su entorno,…

Ver más ->

“Comencé a tratarme con cannabis para mejorar mi calidad de vida y poder seguir trabajando”

Jessica Cossio, estilista de 34 años, es oriunda de La Unión, ciudad ubicada cercana al límite entre las regiones de Los Ríos y Los Lagos, a unos 40 kilómetros al norte de Osorno. Desde los 17 años, justo la mitad de su vida, comenzó con diversos dolores que se le han hecho crónicos. “Los dolores son como de artritis, artrosis, muchas cosas juntas”, asegura Cossio. Su situación pasó a ser de malestar general: “dolores generales, fatiga, dolores musculares en todo el cuerpo que me toman todas las piernas”, confiesa. Ante esto, Jessica fue a diversos especialistas médicos que, al no saber lo que tenía, le fueron recetando de acuerdo a cada diagnóstico nuevo que iba teniendo. Y así pasó más de una década. “Me recetaron diversas drogas, como el Tramadol. Cuando tenía crisis de dolor me inyectaban pero siempre hacía resistencia, por lo que me traía vómitos, y me dejaban en cama”, comenta. Hace sólo un año, Jessica pudo tener su diagnóstico definitivo: fibromialgia, patología que se diagnosticó por descarte. Ante los constantes malestares que le traía el tramadol y otros medicamentos, Cossio empezó a averiguar sobre alternativas. Fue en ese momento cuando, en televisión, vio a la Directora Ejecutiva de Fundación Daya, Ana María Gazmuri, hablando sobre los beneficios del cannabis. “Fue la primera vez que escuché sobre el uso medicinal de cannabis y lo empecé a ver como opción, porque mi objetivo era tomar un medicamento que me permitiera tener calidad de vida y poder seguir trabajando”, comenta la estilista. Pero no fue fácil. El prejuicio personal y familiar era una barrera no difícil de derribar. “Yo soy una persona muy escéptica: no porque una persona me diga que un remedio hace bien, me lo voy a tomar”. Por eso, Cossio empezó a investigar en diferentes páginas de internet y pudo leer testimonios de personas que se han tratado con cannabis con excelentes resultados. No tranquila con eso, conversó con una tía que vive en Estados Unidos para saber cómo era el tema del cannabis medicinal allá. “Adicionalmente, escribí a Fundación Daya para tener más información y participé del Primer Seminario Internacional de Cannabis Medicinal que se realizó en Santiago, que organizó la fundación, y así pude entender mejor todo”, cuenta la unionina. Ya no había vuelta atrás, Cossio se convenció que era una alternativa viable y confiable. Se consiguió macerado y empezó a consumir. Paralelo a esto, comenzó a cultivar sus plantas de cannabis para fabricar su propia medicina. “Lo mejor de esto es que los médicos te dan drogas muy fuertes, más fuertes que el cannabis, y ni siquiera sabes cómo se fabricó; cuando cultivas, sabes que es una planta y que no tiene ningún aditivo dañino”. Esto fue algo que le interesó, porque los medicamentos tradicionales muchas veces hicieron efectos negativos en Jessica, que terminó en salas de urgencia en más de alguna ocasión. “Aparte de eso, estaba todo el día en cama, no podía trabajar, estaba mareada, con vómitos y muy decaída”, confiesa. Hoy, Jessica es otra. “Gracias al cannabis hago mi vida normal, dejé de consumir medicamentos fuera del cannabis y ahora tengo mejor calidad de vida, puedo trabajar, no sufro de los dolores terribles que sufría, y quiero mostrar a todos esta excelente alternativa”, puntualiza, asegurando que su médico está al tanto.   ¿Qué les dirías a las personas que no se atreven a probar tratamiento médico con cannabis? Que se atrevan. Acá en La Unión había y hay gente con mucho…

Ver más ->

Testimonio: niño chillanejo mejora su calidad de vida gracias al tratamiento con cannabis

Martín tiene 13 años. Desde pequeño, sufre de un daño neurológico severo, que desencadenó en epilepsia refractaria, y que lo ha llevado a tener diversos tratamientos. “Desde chico, el daño neurológico trajo secuelas importantes”, comenta su madre, Brenda Castillo, quien es oriunda de Chillán. “Las crisis duraban cerca de una hora, y los médicos donde buscamos tratamiento lo medicaban con anticonvulsionantes, Diazepam, y otros como Ravotril, llegando a tomar 15 gotas diarias”, agrega. Fue cuando Martín tenía 11, hace dos años, que Brenda escuchó sobre el tratamiento con cannabis. “Vi en la tele un reportaje de una niña que se trataba con cannabis. Comencé a investigar, y supe de la Fundación Daya”, comenta. Sin embargo la chillaneja siempre vio el tratamiento con cannabis con recelo. “Uno está constantemente conviviendo con personas que hablan del cannabis de forma negativa, y tomar la decisión de tratar a Martín con este método no fue fácil ni para mí ni para mi familia”, confiesa. Pero lo hizo: “Abrí mi mente”, asegura, lo que significó “una de las mejores decisiones que he tomado”. Martín pasó de tomar 5 gotas cada 8 horas de Ravotril a tomar 3 gotas diarias, disminuyendo todo lo dañino de tanto fármaco. Y no sólo pudo bajar el nivel de fármacos que consume, sino que pudo ver cambios significativos al poco andar. “El gran cambio lo notamos a los 15 días, donde por fin pudo dormir en las noches; antes dormía con suerte cuatro horas, lo que fue un descanso para toda la familia”, agrega Brenda, quien agrega que “los espasmos comenzaron a disminuir, antes del tratamiento tenía de 5 a 7 crisis convulsivas diarias, y con el tratamiento desaparecieron”. Actualmente, Martín lleva una vida más tranquila después de casi dos años de tratamiento con cannabis. “Tiene otra mirada, está más conectado, y sonríe cada vez más”, asegura emocionada su madre.   ¿Qué les dirías a otros padres que están pasando por una situación similar y no se atreven a dar el paso? Que se atrevan, que no le cierren la puerta, que investiguen sobre la historia del cannabis y cómo ésta ha beneficiado a tantas personas a través del tiempo. Yo no creía al principio, pero ahora sé que el cannabis no le hace daño a mi hijo, como sí lo hacía mantenerlo con tantos fármacos.

Ver más ->

“Gracias al uso de cannabis, mi hija bajó de 10 a cero crisis diarias”

Pía Fernández es una tierna niña talquina de 4 años. Hace dos años le detectaron el Síndrome de Angelman, una complicada enfermedad que le trajo diversas consecuencias, donde una de las más complicadas es un cuadro de epilepsia. “Apenas comenzó, tuvimos que hacer exámenes, como algunos electroencefalogramas con privación de sueño, y también tratar con medicamentos”, comenta la madre de la menor, Pía Ubilla. A pesar de los medicamentos, la niña seguía con crisis de epilepsia. “Le daban a diferentes momentos, y más de 10 crisis al día”, asegura la madre, quien asociaba éstas a sueño o estrés de la menor. Fue durante el proceso cuando el padre de la menor, Luis Fernández, leyó sobre el uso medicinal de cannabis, y fue cuando llegó donde Andrea Bello, representante de la Fundación Daya en Concepción, y miembro activo de la Fundación Mamá Cultiva. “Luis viajó a Concepción y Andrea le habló de los beneficios del aceite de cannabis, de las aplicaciones y los beneficios que podía tener con su uso”, agrega Ubilla. Fue la madre quien decidió viajar a Santiago para conversar sobre el mismo tema con la Directora Ejecutiva de la Fundación Daya, Ana María Gazmuri y la Directora Técnica de la misma organización, Alejandra Ahumada. Ahí empezó el tratamiento en base a macerado de cannabis, donde Pía ha visto un gran avance en su hija. “Mi hija no habla, pero desde el primer día de tratamiento comencé a verla más despierta, y se nota que me toma mayor atención”, asegura la madre. Pero no sólo fue ese el cambio que la madre notó en su hija. “Después de haber tenido más de 10 crisis diarias, ahora los episodios le bajaron a cero”, agrega, y asegura que a lo sumo tiene una crisis cada tres meses. “Esto ha permitido que mi hija consuma la dosis mínima de medicamento hace tiempo, y el último electroencefalograma arrojó como resultado una epilepsia que no ha avanzado, logrando que esté hace más de un año estable”, cuenta. Además Ubilla asegura que su hija “tiene una vida mejor, más tranquila”, y lo que más agradece al tratamiento con cannabis es que “esto no le mata neuronas, como sí lo hacía cada una de las crisis que ella tenía”. ¿Qué les dirías a otros padres como tú, que no saben sobre el tratamiento con cannabis? Que confíen para dar el paso, que lo hagan para mejorar la calidad de vida para sus hijos. Todo está en confiar, y en mi caso la Fundación Daya siempre ha caminado de la mano conmigo en el proceso de mi hija, y estoy segura que así será con el resto de los pacientes.

Ver más ->

Andrea y su hija Florencia

Hola, soy Andrea Callejas, mamá de mellizas, María Jesús y Florencia Paz, escribo desde Viña del Mar para dar testimonio del tratamiento de cannabis. Mis nenas nacieron prematuras de 30 semanas. Una de ellas evoluciono favorablemente y sin complicaciones (María Jesús) pero nuestra Flor (Rut 24.585.308-4) quedo con secuelas debido a su gravedad. Perdió la movilidad de sus piernas y presenta y leuco malacia periventricular, parálisis cerebral, lo cual trajo consigo retraso en el desarrollo sicomotor. A los 5 meses de edad presento una síndrome de west bastante agresivo, se le hizo un tratamiento con ACTH que la dejo prácticamente como un trapito y con la perdida de todo desarrollo sicomotor que había adquirido y lo más duro perdió su sonrisa. Fue horrible para todos, la impotencia y la pena nos inundaron por completo…lo que es peor el miedo a que volvieran las convulsiones. Mientras estaba en el tratamiento con ACTH busque información de algo alternativo y estaba dispuesta a hacer lo que fuera, allí fue cuando se me acerco una enfermera contándome del aceite de cannabis, inmediatamente busque información y conseguí el contacto de Ana María Gazmuri. Mientras esto pasaba Florencia tuvo una convulsión bastante larga y comenzaron a volver los espasmos. Me decidí y busque a Ana María, me recibió en la fundación y nos ayudó y guío en el tema, como era pequeñita decidí darle el aceite de cannabis pero a una concentración más baja (lo consume al 30 por ciento) y la verdad fue fantástico. Llevamos 7 meses y nunca más tuvo ni siquiera 1 espasmo, cuando duerme descansa y está completamente conectada. El miedo paso a segundo plano y la sonrisa de Florencia volvió. Soy Ingeniero Agrónoma, conozco propiedades de plantas medicinales que se han usado por años para diversas enfermedades gracias a la investigación, hoy en día tenemos una planta que puede mejorar la CALIDAD DE VIDA de tantas personas, he visto como mejoro la calidad de vida de nuestra hija, la veo jugar con su hermana, la veo en sus terapias, la escucho balbucear, pedir comida, pasear, veo un futuro en ella y me parece insólito que aún no se regule legalmente el uso medicinal y la investigación del cannabis en nuestro país. Es nuestro derecho elegir y vivir mejor.

Ver más ->

Luz y su hija Constanza

Mi nombre es Luz Pizarro, madre de Constanza… Cony es nuestra hija mayor, quien nació hace 7 años, un 14 de Julio del 2008, aparentemente todo normal,  llego a revolucionar nuestra vida entera,  una niña preciosa,  dulce y risueña como ninguna… Su desarrollo era normal,  en todo sentido,  una pequeña muy extrovertida,  divertida y sobre todo muy inquieta. Una madrugada del 2011, de repente todo cambio… Su primera crisis de epilepsia llego de manera completamente inesperada y horrorosa, muy asustados acudimos al hospital más cercano con una niña que apenas respiraba. Desde ese día comenzó nuestro calvario, exámenes que diagnosticaron una Displasia Cortical Bifrontal, que desencadenada una epilepsia sintomática.  Pensamos positivamente y nos convencimos de que con el tratamiento indicado ella estaría bien y tendría una vida normal. Lamentablemente no fue así…probábamos un fármaco,  funcionaba un corto tiempo y volvíamos a lo mismo,  entonces probamos otro,  los mezclábamos,  aumentábamos dosis,  tratamientos alternativos,  dietas cetogenicas,  cura CTH,  estimulador vagal, etc. Todo seguía igual e incluso peor, por lo que el diagnóstico cambio a Epilepsia Refractaria,  Síndrome Lenox Gastaut. A medida que las crisis fueron aumentando,  Conita,  como le llamamos sus seres queridos,  empezó a deteriorarse progresivamente, de ser una niña independiente, paso a ser una niña hipotónica,  sin controlar esfínter,  dejo de hablar, a alimentarse por sonda nasogástrica y sin conexión alguna…día a día mi niña se despojaba de la vida. Después de tanto buscar alternativas,   escuchamos del aceite de cannabis. Como muchos,  estábamos llenos de prejuicios y miedos… Pero ante la desesperación de volver a hospitalizar a nuestra niña y verla por tercera vez internada en la UCI,  decidimos probarlo…Hace ya 10 meses que Conita lo consume y con resultados muy favorables, poco a poco bajaron sus crisis y con ello comenzó a retomar funciones motoras,  hablar y comer por boca,  a sentir,  llorar y reír… La verdad pensé que jamás volvería a escuchar un “te amo mamá” o verla correr como loca… Hoy tengo la dicha de contarles que gracias a dios que permitió que este bendito aceite llegara a nuestras vidas, nuestra niña hermosa ha vuelto a vivir y ser feliz y con ello,  nosotros, sus padres,  volvimos a soñar…

Ver más ->

Arturo – Espondilitis anquilosante

Hola soy Arturo y este es mi testimonio Les contare del principio todo comenzó con un dedo del pie hinchado como berenjena, luego mi tobillo siguió el otro tobillo y así comenzaron los dolores matutinos hasta que ya no pude abrocharme los zapatos y en menos de un mes ya estaba en silla de ruedas yo con 25 años, una hija de 1 año y 2 años de matrimonio. Después a buscar entre doctores, brujos, machis, sanadores y cuanto remedio me recomendaban me decido a viajar a Santiago y allá me diagnostican de Espondilitis anquilosante!!! Ya sabía lo que tenía ahora remedio y listo pensaba yo pero no era tan fácil esta enfermedad se caracteriza por el dolor que produce, por la deformidad que causa en la columna, ahí me explican que esta enfermedad es inmunológica que hay que tomar remedios toda la vida y puras cosas malas que trae consigo esto … Ya no importaba nada se me vino el mundo al piso los dolores no me dejaban ni pararme del baño me dolía todo, no podía toser, las costillas me dolían con cada respiración que daba, para más las licencias médicas cuesta un mundo que las paguen así que me sentía a morir sin plata y con mucho dolor atontado con los medicamentos que no eran pocos tramal, prendisona, metrotrexato, sulfazalinas, celebra, etc …aparte de todo mis amigos disminuyeron mucho, la depresión me empezó a pololear y termino enamorándome … tenía una ganas de terminar con todo, ganas de matarme ya no podía más acostumbrado al deporte todas las semanas gimnasio, fútbol ,ciclismo y ahora no podía ni ir al baño solo me acuerdo que llore semanas… el pararme en las mañanas era todo un reto llegar a la ducha afirmado!!! Que lo pase mal, me cortaron del trabajo ya no producía ni para mis remedios. Mi mujer trabajaba y alcanzaba solo para mis remedios mis papás también ayudaron mucho, pero uno quiere salir adelante solo y yo sentía que todo me salía al revés y fue entonces cuando comencé a fumar marihuana como una forma de rebeldía por lo que me pasaba y notaba que me podía desaparecer con unas piteadas o pensar positivo por ratos hasta me volví a reír y me reía con ganas y me di cuenta que cuando fumaba sentía menos dolor no sé si fue efecto placebo o que pero me sentía mejor podía dormir toda la noche a pata suelta eso sí que es un milagro para un espondiolitico y comienzo a averiguar sobre los beneficios del cannabis medicinal y aprendí a preparar leche y gracias a Ana María Gazmuri, Nicolás Dormal, Andrea de mama west, don Juan Carlos de aceite cannabis Curicó y mucha gente linda más aprendí a fabricar el aceite y conseguí los permisos para cultivar cannabis medicinal y les cuento que hoy soy consumidor de cannabis medicinal y me siento muy bien he tenido muchos logros desde que conocí este tratamiento entre ellos subí el cerro más alto que encontré y coloque una bandera de la fundación Espondilitis, corrí una maratón en mi pueblo con la polera de la Espondilitis gane la medalla al esfuerzo ya que llegue ultimo jajaj pero llegue la idea es mostrar que esto si funciona y darle fuerza a mis hermanos espondioliticos y decirles que si se puede que si yo pude ellos también y demostrar que la marihuana no es un veneno es un regalo de la naturaleza para el ser…

Ver más ->

Loreto y su hijo Diego – Autismo

Hola, les escribo desde Arica, para contarles mi experiencia si de algo les sirve. Mi nombre es Loreto soy mamá de Diego, mi pequeño milagro ,él es un prematuro extremo (26 semanas) con un diagnóstico algo largo POROENCEFALIA FRONTAL LATERAL IZQUIERDA en resumen parálisis cerebral, la cual día a día hemos ido superando, esto trajo como secuela un trastorno en el desarrollo psicomotor, displasia bronco pulmonar , estrabismo, autismo y el año pasado la tan temida epilepsia, desde ese día nuestra vida volvió a cambiar y yo como mamá busquilla comencé a leer y llegue al caso de Charlotte y a ustedes, por un tema laboral esto no lo puedo hacer público pero me arriesgue con el aceite de cannabis sola por aquí y por allá, conocí a personas maravillosas en esta búsqueda tan nobles que aún me emociona. Comencé con el aceite con temor pero se comenzaron a ver lo a avances en mi pollito: está mucho más conectado, cariñoso, regalón y lo mejor su sonrisa y contacto visual es cada día mayor, les cuento esto porque no he visto testimonios en Chile sobre el autismo, todo este cambio mejoro su calidad de vida y la de nosotros como familia

Ver más ->

Alejandra y su hija Javiera

Hola soy Alejandra, mamá de Javiera, ella tiene epilepsia refractaria producto de una agenesia de cuerpo calloso y una polimicrogiria, tiene 5 añitos. Toma Acido Valproico, levetiracetam, y clobazam, para los que no saben estos medicamentos a la larga pueden causar muchos problemas de salud adicionales a la epilepsia la mayoría en el hígado junto a otros que ya se están  manifestando como su conducta e hiperactividad. Como padres no nos podemos quedar ajenos a esto, por eso decidimos comenzar la lucha con aceite de cannabis, llevamos apenas tres meses pero ya hemos logrado que las crisis de la tarde desaparecieran, mejorando su sueño nocturno y nuestra meta es que las crisis matutinas desaparezcan del todo, damos gracias a las organizaciones que nos han acogido y ayudado. Cada familia está unida a esta lucha porque hay un ángel detrás que necesita las bendiciones de esta planta que es una oportunidad de tener una mejor calidad de vida. Ojalá que los que pueden quieran hacer de esto una realidad, con esto me refiero al gobierno, a algunos médicos y a nuestros parlamentarios, que tienen como labor velar por el bienestar de los chilenos sanos, enfermos o con algún síndrome o condición que nos pone en el porcentaje más indefenso de este País. Nosotros como familia apoyamos y les pedimos #ponteenmiszapatos.

Ver más ->