“AL ESTAR ACOSTADA TODO EL DÍA, ME ESTABA APAGANDO DE A POQUITO. EL CANNABIS ME VOLVIÓ LA VIDA”

Carmen Iriarte fue diagnosticada con escoliosis crónica con luxación de cadera derecha y subluxación de cadera izquierda a los 10 años. Después de una prótesis total y años sin poder caminar, descubrió el cannabis y su vida cambió completamente. A continuación, su testimonio.

Hoy Carmen puede caminar sin problemas, a pesar de tener escoliosis crónica con una luxación de cadera derecha y subluxación de cadera izquierda, prótesis total de cadera izquierda y un bypass en la vena hilofemoral izquierda.

“Desde niña siempre caminé con displasia. Con el transcurso de los años ya no podía caminar, porque me dio artrosis. Los dolores eran tan terribles que decidieron ponerme una prótesis completa de cadera y aun así seguía con dolor. Estuve sin caminar hasta que conocí el cannabis”, cuenta.

El reemplazo de cadera fue una de las últimas opciones para Carmen. “Ya me habían operado y seguía mal en ese sentido. Tomaba 30 gotas de tramadol al día, que me provocaban mareos y vómitos”.

“Ella caminaba con ayuda de bastones, solamente se paraba para ir al consultorio o al hospital, tenía que pasar acostada todo el día”, relata Jonathan, su esposo, quien ha sido un pilar fundamental para Carmen, apoyándola durante todo el proceso.

Como parte de su tratamiento, Carmen se inyectaba Lertus, un analgésico que debía quitarle el dolor, pero sólo le duraba una hora y después volvía a lo mismo. El tramadol en cambio, le provocaba muchos efectos secundarios, dejándola en cama con dolor de cabeza, ganas de vomitar e inapetente.

Cuando una amiga les comentó sobre Fundación Daya, Carmen tenía sus dudas, pero asistió a la consulta de todas formas. “Nos acercamos a la Fundación con ignorancia. Llegamos y me explicaron que no me iba a pasar nada malo. Esto no es lo mismo que comprar en la calle. Ahí me alivié, porque que un profesional te explique las cosas, cambia todo. Yo lo único que quería era calmar el dolor”, recuerda.

Al evaluar todas las opciones de acceso al cannabis, decidieron cultivar. “Hicimos el esfuerzo de pedir un crédito y compramos un indoor. Partimos con cuatro plantas, pero que al final salieron dos por errores de principiantes. Igual con esas dos hicimos el aceite y fue increíble el cambio”, afirma Jonathan.

El tratamiento con cannabis no solo ha disminuido casi por completo el dolor, sino que ha mejorado su calidad de vida. “Ha sido positivo en todos los aspectos. He vuelto a ser como yo soy: alegre y positiva”

“Me siento bien, al estar acostada todo el día, me estaba apagando de a poquito. Esto me volvió la vida”.

A medida que experimentaba los efectos positivos del aceite y la vaporización, de a poco fue dejando el tramadol. “Fue notable la diferencia desde los primeros días. No he tenido ningún efecto secundario, además de hambre, pero que me hace bien porque antes no comía tanto”.

En un comienzo, su familia era muy reacia a este tema, pero han visto los beneficios del cannabis y cómo ha mejorado su vida en todos los sentidos. “La mayoría han cambiado de opinión porque han visto el cambio y no lo pueden creer. Mandé a mi tío y a mi primo a la Fundación porque quedaron impresionados con los beneficios”, cuenta Carmen.

Antes de su tratamiento con cannabis, Carmen vivía una vida muy difícil. El dolor y la inhabilidad de moverse la llevaron a pensar en el suicidio. Sin embargo, hoy se siente más feliz que nunca, plena con su pareja.

“Agradecemos que la Fundación nos explique todo, desde el aspecto legal a cómo cultivar esta medicina. Lo más importante es que se preocupan, porque cuando uno va a un médico en otro lado, te atiende rápido, ni se preocupan. Ahora podemos decir que somos completamente felices”, finaliza Jonathan.